Datos del Autor

Mi foto

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

24/3/08

El ajedrez y la memoria se unen en la historia de Gustavo Bruzzone


Gustavo Bruzzone ajedrez Santa Fe dictadura

Atajó en las inferiores de Gimnasia de Ciudadela y luego fue un destacado ajedrecista santafesino. Lo secuestró la dictadura el 19 de marzo de 1977.

Por Nicolás Lovaisa 

Gustavo Ramón Bruzzone forma parte de la nefasta lista de desaparecidos que dejó a su paso la Junta Militar. En 2006, en ocasión del 30º aniversario del golpe de Estado, el periodista Gustavo Veiga publicó el libro “Deporte, desaparecidos y dictadura”, en el que refleja las historias de 26 deportistas asesinados durante los años de plomo.

En Santa Fe, poco se ha investigado sobre el tema. A veces da la sensación de que detrás de cada uno de los caídos por la represión ilegal no hubiera nada. “Los desaparecidos no están, no tienen entidad, no existen”, sostuvo con todo su cinismo Videla ante un grupo de periodistas en 1977. “Son ausentes para siempre”, reafirmó Viola en 1979. Pero la dignidad de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo iluminaron el camino en medio de la oscuridad. Ellas fueron los cimientos para que aún hoy, 32 años después del comienzo del período más sangriento en la historia argentina, sigan apareciendo historias como las de Bruzzone, un promisorio ajedrecista santafesino que secuestró la dictadura genocida.

Gustavo Bruzzone nació el 31 de agosto de 1954 en San Javier. Fue el segundo hijo de Rodolfo Bruzzone e Irma Godone. Cuatro años antes había nacido su hermano mayor, Rodolfo César. En 1955, la familia se trasladó a Santa Fe. En la vereda de su casa de barrio San Martín, el padre (que falleció muy joven, en 1962) les enseñó a sus dos hijos a jugar al ajedrez. En aquellos años, Gustavo era además arquero de Gimnasia y Esgrima de Ciudadela y uno de los preferidos de Alfredo Grasso, que en 1965 se fue a trabajar a las inferiores de Unión y quiso llevárselo. “Gimnasia no lo quiso ceder; se enojó, abandonó el club y no jugó nunca más”, recordó Irma, su mamá. “Siguió atajando en cada picado que se jugaba en el barrio y en torneos amateurs”, agregó su hermano Rodolfo, con quien compartía otra pasión además de los trebejos y la número 5: “Íbamos siempre a la cancha, éramos muy tatengues los dos. En 1966, cuando fuimos campeones, llevamos a la cancha un muñeco con la cara de Victorio Nicolás Cocco, que era nuestro ídolo”, precisó.

Cursó sus estudios secundarios en el Comercial Domingo Silva. Allí tuvo como profesor de ajedrez a Ricardo Hase, uno de los tableros más destacados de la ciudad: varias veces campeón santafesino, campeón zonal de seis provincias y seis veces finalista en campeonatos argentinos. “Gustavo era un muchacho de un desarrollo intelectual parejo. Abordaba el conocimiento con intensidad. Le gustaba mucho el ajedrez. Fue uno de los encargados de conducir un ajedrez viviente que organizamos en el Comercial, junto con LT 10. Tenía que ser una partida fluida, pero él y su rival se lo tomaron tan en serio que se volvió tedioso”, recordó.

Cuando tenía 14 años comenzó a representar a Unión. Luego pasó al Centro Balear y al Sirio Libanés. En enero de 1972 disputó un torneo preliminar juvenil con vistas al Argentino. “Confirmando sus antecedentes y buen momento, triunfó el representante de la Federación Santafesina, Gustavo Bruzzone”, publicó el Nuevo Diario. Era uno de los mejores ajedrecistas jóvenes de la región. Como no tenía dinero para disputar el Argentino de Mar del Plata, al que había clasificado, el Nuevo Diario se hizo cargo de la inscripción.

Pero por esos años Gustavo comenzó a tener también otras inquietudes. “Cuando estaba en la secundaria había comenzado su militancia política”, aseguró Irma. “Se inscribió en la Facultad de Ingeniería Química y rindió ocho materias espaciadas, porque la militancia le llevaba mucho tiempo, a pesar de mis protestas. Un día me dijo que abandonaba la facultad porque quería pelear por lo que creía, y que si dejaba su vida en el camino se sentiría feliz”, agregó. Con su hermano Rodolfo fue mucho más elocuente: “Esto lo hago por mi ahijado (Víctor Rodolfo, en homenaje al ex futbolista de Unión, Marchetti). Y si dejo los huevos en el camino va a ser por él”, le dijo.

Fue designado por el Ministerio de Educación como profesor de ajedrez en la escuela General José de San Martín, donde había cursado la primaria. Luego ingresó –por concurso– al Centro de Cómputos de la provincia, ya que se había recibido en Informática en el Colegio Inmaculada. En 1974 se casó con su novia de toda la vida: Carmen Liliana Nahs. La militancia política de ambos y el recrudecimiento de la represión en el último tramo del gobierno de María Estela Martínez de Perón hicieron que decidieran mudarse a Rosario.

“Ahí hizo de todo. Trabajó en el puerto, en un taller, lavó piezas, pintó paredes. Se mudaban de pensión en pensión, hasta que alquilaron una casa en calle Rioja 5349. Ya trabajaba en la fábrica Irrospe”, recordó Irma. El 19 de marzo de 1977 salió de su casa a comprar cigarrillos y a buscar el auto de un amigo al taller. En ese vehículo iba a volver a Santa Fe para festejar el cumpleaños de su madre al día siguiente. Pero nunca llegó. “Me llamaron de Rosario y me dijeron que vaya. Fuimos con mi hijo Rodolfo, recorrimos hospitales, comisarías, pero nadie sabía nada”, sostuvo Irma.

“Luego fui a entrevistarme con el Jefe de Inteligencia de Rosario, creo que de apellido Guzmán. Me recibió bien y me hizo muchas preguntas. Después me llamó y me dijo que mi hijo había caído en un ajuste de cuentas entre Montoneros”, añadió. Irma no se dio por vencida. Cada 15 días, durante más de un año, se entrevistó con el teniente coronel Enrique Hernán González Roulet. “Un día no aguanté más sus mentiras y le dije que si quería una novela me compraba un buen libro. Me echó y me dijo que no volviera más, era mayo de 1978”, expresó.

Chocha (así le dicen en el barrio) insistió con otro contacto: un familiar militar, de mucha confianza, que le preguntó cuál había sido el destino de Gustavo al coronel Juan Orlando Rolón. “La próxima vez que me pregunte por un Montonero le pido la baja”, le contestó Rolón. No hizo falta: poco tiempo después, en un acto de valentía poco frecuente para esa época, este familiar dio un paso al costado y se alejó del Ejército.

La familia de Gustavo jamás supo nada de él. Ni siquiera si pasó por uno de los tantos centros clandestinos de detención de la dictadura. Su esposa fue secuestrada el 8 de agosto de 1977 y continúa desaparecida. Se sabe que ella estuvo en la Quinta de Funes.

“Hay algunos ajedrecistas que se encierran en el juego y otros que juegan sus mejores partidas fuera de los tableros”, reflexionó Hase. “Era una persona de muy buenos sentimientos, querido por todos”, aseguró Rodolfo, que dirige una escuelita de ajedrez que lleva el nombre de su hermano en barrio Guadalupe. “Era dulce, cariñoso y muy solidario. Ya pasó mucho tiempo desde que lo secuestraron, pero a veces lo sueño, aunque cada vez menos. Es que entendí hace mucho que nunca voy a volver a verlo”, se lamenta su madre a 31 años de su desaparición.

Gustavo Bruzzone era un amante del ajedrez, un deporte que desarrolla, como ningún otro, la inteligencia y la memoria, dos virtudes necesarias para que hoy, a 32 años del golpe de Estado, los argentinos volvamos a gritar Nunca Más.

* Publicada el 24 de marzo de 2008 en Diario Uno y en el libro "Tiempo Recuperado".
SHARE

Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

  • Image
  • Image
  • Image
    Blogger Comment
    Facebook Comment