Datos del Autor

Mi foto

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

1/9/08

El buen fútbol está de luto por Greco


Fue uno de los máximos ídolos de Unión. Habilidoso, inteligente, goleador, hizo historia en Santa Fe y luego brilló en la época de oro del fútbol colombiano. Murió víctima de un cáncer, en Medellín.

Por Nicolás Lovaisa

Los años de gloria ya habían quedado muy atrás. Los 92 goles que José Vicente Greco había convertido con Independiente Medellín de Colombia, y que lo transformaron en el máximo artillero en la historia de esa institución, no le sirvieron para esquivar el camino que recorren muchos cracks luego del retiro: el del olvido.

El 22 de agosto de 2007, sentado en su departamento de la comuna de Robledo, en Medellín, recibió la visita del periodista Alfredo Carreño Suárez. Un cáncer en el hueso maxilar le había desfigurado la cara. En esa entrevista, una de las últimas que concedió, desnudó sus preocupaciones: por su precaria situación económica, sabía que moriría sin poder dejarle una casa a su mujer de toda la vida, la argentina Princesa Nairda Muchio, y a Mario, uno de sus seis hijos, quien padece una enfermedad mental.

“Esperáte, que con este reportaje se te va a solucionar la vida”, admitió que le dijo en esa ocasión Carreño Suárez, confiando en la reacción de algunas de las dos instituciones colombianas en las que brilló: Independiente y Santa Fe. “Finalmente se murió sin que el panorama le cambiara sustancialmente: falleció pobre, con deudas y sin casa propia. También, digámoslo como es, con la desdicha de ver en el espejo un rostro desfigurado”, agregó el periodista horas después de su fallecimiento, hace ocho días.

Literalmente, Greco no tuvo donde caerse muerto. La funeraria a la que estaba afiliado no se hizo cargo del entierro. Hubo que esperar a que apareciera la “oferta” de una empresa para prestar ese servicio por la suma de 500.000 pesos colombianos (aproximadamente 260 dólares), cuando el precio real era de 1.300.000 pesos (670 dólares).

La noticia de su muerte impactó en Santa Fe, la ciudad donde comenzó su carrera como futbolista profesional, en 1949, en Unión. “No, por favor, no me den esa noticia... ni siquiera sabía que estaba enfermo”, atinó a decir Julio Enrique Ávila, otra gloria Rojiblanca, cuando se enteró. “Era un jugador extraordinario, un lujo verlo jugar. Además, Vicente era un compañero bárbaro afuera de la cancha, por más que yo no compartía muchos momentos con él, porque le gustaban mucho las cartas y los caballos”, sostuvo el Maestro. Dos pasiones que, según admitió el propio Greco hace unos años, fueron algunas de las causas de sus problemas económicos.



Ídolo por siempre

José Vicente Greco nació el 20 de junio de 1929 en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. A los 15 años integraba la Selección de su ciudad y allí lo descubrió Boca. En la entidad de La Ribera, demasiado tapado por las figuras de la época, no tuvo lugar.

Sus enormes actuaciones en reserva hicieron que, pese a que ni siquiera había jugado un minuto en la primera Xeneize, su llegada a Santa Fe despertara un interés inusual en los hinchas. Su debut se hizo esperar: se calzó la Rojiblanca por primera vez el 22 de mayo de 1949, por la 5ª fecha del torneo de Segunda División (hoy “B” Nacional). Ese día, en el 15 de Abril, el Tate goleó 3 a 1 a Central Córdoba con tres tantos de Juan Carlos Bruzzone.

“El anuncio del debut del insider izquierdo Greco se constituyó en el gran atractivo del match que sostuvieron los equipos de Unión y Central Córdoba. Los antecedentes del joven delantero que defendiera los colores de Boca, unidos a su actuación destacada en la práctica del jueves, se asociaron para conceder a este debut un interés extraordinario”, publicó El Litoral esa misma tarde. “Desde el inicio se notó la clase de Greco”, afirmó El Orden al otro día.

Su primer gol no tardó en llegar: apenas 72 horas después, el 25 de mayo, Unión superó 3 a 1 a El Porvenir con dos conquistas de Julio Enrique Ávila y un golazo de Greco, que empezaba a transformarse en ídolo. Ese año le marcó su primer gol a Colón, el clásico rival, en un empate 2 a 2 como visitante.

La campaña del equipo era brillante. Tal es así que en la fecha 31 (eran 40) quedó a un punto de Quilmes, único líder, a quien debía recibir en la jornada siguiente. Parecía que ése era el año del tan ansiado ascenso por el club de la Avenida López y Planes.

El encuentro ante los Cerveceros se jugó el 6 de noviembre. Ávila abrió el marcador para el dueño de casa, pero empató Cantatore para la visita. En el complemento, apareció Greco en toda su dimensión: clavó de media distancia un zurdazo al ángulo y hacía soñar al pueblo Tatengue, hasta que Cerioni igualó otra vez para Quilmes
.
El empate no era lo que buscaba Unión, aunque tampoco lo perjudicaba tanto. Pero los ánimos estaban caldeados por otra cosa: el pésimo desempeño del árbitro Máximo Aguirre. “Hubo una jugada en la que estábamos atacando y abrimos el juego a la derecha. Desbordó Genín a gran velocidad y me tocó aparecer por el medio del área para cabecear. Metí el frentazo limpito y Dellacha se tiró sobre la misma línea de sentencia, como si fuera un arquero, y sacó la pelota con la mano. Protesté y el arbitro me dijo que la mano había sido casual. Nunca antes y nunca después me tocó presenciar algo igual”, recordó Greco en una entrevista, en 1999.

En el final, llegó el escándalo. Aguirre sancionó un tiro libre dudoso para Quilmes. Se paró para patearlo Cantatore, pero Baldovinos, que nunca había hecho un gol (es más, ése fue el único que marcó en toda su carrera), se lo pidió. “Tírelo afuera”, dicen que le rogó el árbitro al jugador de Quilmes, quizás intuyendo lo que podía pasar. Pero al defensor le salió una mezcla de centro y remate que descolocó a Rocha y se metió.
El gol desató la furia de jugadores, hinchas y dirigentes. Varios ingresaron a la cancha con la intención de agredir al juez. Ninguno de los protagonistas de aquellos hechos recordó que se haya agredido al árbitro que, sin embargo, elevó un informe durísimo al Tribunas del Penas, que suspendió a Machado, gerente del club, Ibañez, el aguatero, y a cinco jugadores: Ávila y Luengo, quienes recibieron una sanción de cinco años, mientras que Mieres, Genín y Greco fueron castigados con una pena de 20 partidos.

A raíz de la sanción, Greco jugó unos meses en River de Montevideo. Su vuelta al club se produjo el 1º de julio de 1950, por la 13ª fecha, en la que Unión cayó 3 a 1 ante Argentino de Quilmes. Más allá de su regreso, a Unión le costó mucho recuperar el protagonismo que había tenido en 1949. Recién volvió a hacerlo en 1953, otra vez con un nivel fenomenal de Greco.

Hasta ese año, en el clásico santafesino no se había dado ningún triunfo visitante. La racha se rompió el 5 de abril, en el estadio Eva Perón. Martorelli había puesto en ventaja a los Sabaleros, hasta que Frutos, en el complemento, igualó para el Tate. En tiempo de descuento, apareció Greco para desnivelar y festejar el tanto de cara a la tribuna Rojiblanca.

El Tate terminó el torneo tercero y Greco se despidió del club el 12 de diciembre, con un empate 2 a 2 ante Nueva Chicago, en Mataderos. En total, en Unión disputó 107 partidos y convirtió 55 goles, por lo que se ubica sexto en la tabla de máximos artilleros de la historia Tatengue, debajo de Fernando Alí (85), Orlando Ruiz (78), José Luis Marzo (63), Oscar Víctor Trossero y Julio Enrique Ávila (58).

Emigó al fútbol colombiano, donde en aquellos años iban los mejores jugadores argentinos, como José Manuel Moreno y Alfredo Di Stéfano, entre otros. Brilló en Independiente de Medellín, donde se consagró campeón en 1957. Ese año no sólo fue el goleador del equipo, sino también el jugador que más tantos convirtió en el fútbol sudamericano: 30. Es el máximo artillero en la historia de esa institución con 92 conquistas en 166 partidos.

Pasó al Santa Fe de Bogotá y también lo llevó a la gloria, al quedarse con el título en 1958. Algunos periodistas colombianos afirman que Greco fue más grande que el incomparable Charro Moreno, y quizás tengan razón: jugó en ese país en sus mejores años, mientras que el ex River llegó ya veterano.

También jugó en Newell’s, Málaga y Murcia. Después fue técnico, dueño de un restaurante y varias cosas más. Mucho de lo que ganó lo perdió en el casino y en las carreras. El fútbol lo echó al olvido, y así murió.

Publicado el 1º de septiembre de 2008 en Diario Uno.

SHARE

Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

  • Image
  • Image
  • Image
    Blogger Comment
    Facebook Comment