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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

1/11/09

El "despojo unionista"


En 1949 Unión y Quilmes peleaban el campeonato y el ascenso a Primera División. Un escandaloso arbitraje de Máximo Aguirre dejó al equipo Rojiblanco fuera de la pelea y lo privó de disfrutar de Julio Ávila, que fue suspendido por 5 años. Hasta los hinchas de Colón protestaron por aquel arbitraje.


Por Nicolás Lovaisa

Parecía que, por fin, Unión lograría su tan ansiado ingreso a la máxima categoría del fútbol argentino. Ese objetivo que buscó desde el mismo momento de su afiliación, en 1940, y que nunca había podido concretar. El año 1948 había sido durísimo para los rojiblancos: lejos de ilusionarse con el ascenso, habían terminado sufriendo para no descender a la tercera categoría. Por eso, nadie, ni siquiera los propios jugadores, esperaban la gran campaña que realizaron en 1949.

Al torneo lo disputaban 21 equipos, todos contra todos, ida y vuelta. En la primera rueda, el Tate perdió apenas tres partidos: ante Dock Sud, Nueva Chicago y Quilmes, el gran candidato al ascenso. Todos en condición de visitante. El 15 de Abril era, por esos días, una fortaleza inexpugnable. Desde aquella caída con los Cerveceros, en la primera rueda, el equipo de la Avenida estuvo 16 partidos invicto con once triunfos y cinco empates. Unión, contra todos los pronósticos, era el único club capaz de pelearle el título mano a mano a Quilmes.

Por la 33ª fecha del certamen, los Rojiblancos recibían al conjunto del sur del Gran Buenos Aires, con la gran posibilidad de arrebatarle el liderazgo, ya que en la tabla los separaba apenas una unidad. Los diarios locales destacaban la importancia de aquel encuentro: “Es de una trascendencia tal que bien podría afirmarse que reviste contornos excepcionales para el fútbol santafesino”, aseguró El Orden.

El plantel Tatengue concentró dos días antes, algo muy poco habitual para aquella época. El lugar elegido fue una quinta ubicada en Rincón, propiedad de Francisco Bobbio. Las dirigencias de ambas instituciones invitaron al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Valentín Suárez, para que se hiciera presente en el 15 de Abril. Suárez no pudo concurrir, pero envió a su Secretario, Vicente Capaccione. Sin embargo, ni siquiera su presencia pudo evitar el escándalo que se desató aquella tarde en el estadio Rojiblanco, por el arbitraje de Máximo Aguirre.

El encuentro arrancó de la mejor manera para el dueño de casa: a los dos minutos, Julio Ávila abrió el marcador y desató la locura en las tribunas. Pero a los 20 minutos, Vicente Cantatore igualó para la visita. El trámite era parejo, e incluso por momentos Unión superaba a Quilmes. Pero los jugadores rojiblancos, al igual que los hinchas, ya comenzaban a mostrar su fastidio con el árbitro, que los dirigía por primera vez en la temporada: “Estábamos peleando el campeonato, algo que realmente no esperábamos. Pero en ese partido el árbitro nos metió en un arco”, recordó Ávila, una gloria tatengue y uno de los jugadores más respetados de la historia del fútbol santafesino por su corrección. Virgilio Acosta, wing izquierdo de ese equipo, fue mucho más tajante que su ex compañero: “Tengo un recuerdo muy triste de ese día. El árbitro no nos cobró dos penales clarísimos. Nos entregó como a perros”.

Los hinchas que estuvieron aquella tarde en la cancha recuerdan la brutalidad con la que Pedro Dellacha marcó a Ávila, ante la total pasividad del árbitro. Una sola anécdota lo confirma: el Maestro terminó el partido con una costilla fracturada por un codazo del defensor. “El árbitro dejó pegar mucho, muchísimo. Dellacha y Leguizamón saltaban con los codos abiertos en todas las jugadas”, relató Natalio Fejgelson, quien presenció el partido desde la tribuna.

Los equipos se fueron empatados al descanso. En el inicio del complemento, José Vicente Grecco volvió a adelantar en el marcador a Unión con un zurdazo de afuera del área que se clavó en el ángulo. Pero la alegría, otra vez, duró poco: diez minutos más tarde, Cerioni puso las cosas 2 a 2.

“Después de eso, hubo una jugada en la que estábamos atacando y abrimos el juego por la derecha. Desbordó a gran velocidad Genín y me tocó aparecer por el medio del área para cabecear. Metí el frentazo limpito y Dellacha se tiró sobre la misma línea de sentencia, como si fuera un arquero, y sacó la pelota con la mano. Protesté y el árbitro me dijo que había sido casual. Nunca antes y nunca después me tocó presenciar algo igual en mi carrera”, recordó Grecco en una entrevista con El Litoral, en 1999.

El empate no le convenía a Unión, aunque tampoco lo condenaba. Pero en apenas un minuto cambió todo. En tiempo cumplido, Aguirre sancionó una dudosa infracción a favor de Quilmes. Se paró para patear el tiro libre Cantatore, pero Baldovino, que nunca había hecho un gol (es más, ése fue el único que marcó en toda su carrera) se lo pidió.

“Faltaba un minuto y Dellacha le dice a Baldovino, pateala fuerte, que pase el arco, así se demoraba un poco. Baldovino pateó, nosotros estábamos todos atrás. La pelota fue al área de Unión, a la cabeza de un full back, que la dejó pasar porque era una pelota fácil para el arquero, pero éste se confundió y fue gol. Se vino la cancha abajo, rompieron los alambrados, nos querían matar, nos tiramos adentro del vestuario de cabeza y estuvimos hasta la medianoche en el vestuario. Pasamos dos alambrados a casas vecinas y la policía nos esperó para que tomáramos unos taxis hasta Rosario”, contó el arquero Carlos Tosta en una entrevista con el blog Alma Los Blancos. La decisión de viajar en taxi a Rosario se tomó porque los jugadores temían ser víctimas de algún ataque en la estación ferroviaria de Santa Fe.

El descargo

Horas después de culminado el partido, Aguirre le concedió una entrevista a El Litoral, en la que justificó su actuación y dio su versión de los hechos. El vespertino santafesino publicó sus declaraciones textuales, aclarando con énfasis que reflejaban la visión del juez, y de ninguna manera la del diario. “Hice el viaje a Santa Fe conjuntamente con gente de Colón, que había jugado con Excursionistas. También había en el tren dirigentes de Quilmes. En cuanto al partido, todo resultó normal hasta el tercer gol. Es más, quiero decir que el público me aplaudía desde los cuatro costados”.

“Luego del tercer gol, el aguatero de Unión me agredió desde atrás. En eso pude ver que el gerente del club abría la puerta principal que da acceso al campo de juego y entraron unas 40 personas que, en honor a la verdad, no me agredieron, pero sí lo hizo el gerente de Unión. Luego, en el vestuario, el presidente de Unión, Esteban Yebra, intentó hacerme firmar un papel por el que yo debía reconocer que había sido sobornado, pero me negué. En cuanto a los penales, no los sancioné porque considero que en ambas ocasiones la pelota buscó la mano de los jugadores de Quilmes”.

Aguirre siempre guardó un especial agradecimiento hacia Rafael Amadei, técnico de aquel equipo de Unión, quien intercedió en su defensa cuando los jugadores tatengues quisieron agredirlo. “Ese día se comió un par de trompadas de sus propios jugadores, por defenderlo. A Aguirre ni lo tocaron. Desde ese partido, en cada fin de año enviaba un presente a mi casa, porque mi papá lo había salvado”, contó María Zulema Amadei.

 “Un único culpable”

La indignación no sólo era rojiblanca tras aquella derrota, que comenzó a conocerse como el “despojo unionista”. A los medios locales no les tembló el pulso a la hora de calificar la actuación de Máximo Aguirre. El diario El Orden fue durísimo: le dedicó el título principal de la tapa de su edición posterior. “Único culpable: el referee”. En la bajada, agregaba: “Aguirre está marcado a fuego por Santa Fe. Su parcialidad causó una gran indignación”.

El comentario tampoco ahorró críticas ni acusaciones contra el juez: “Ante aproximadamente 20 mil personas, Aguirre tuvo la desvergüenza de perjudicar ostensiblemente al equipo santafesino. En el segundo tiempo dejó de lado toda simulación y se dedicó de lleno a entregar a los locales. Hubo tres penales sin castigo con el notorio propósito de impedir el triunfo de Unión. Aguirre consumó la entrega más escandalosa en los anales del fútbol santafesino, en contra del Club Atlético Unión”.

“Fue evidente que tanto el árbitro como los jueces de raya hicieron lo posible para favorecer a Quilmes. Aguirre dejó pasar por alto dos penales que fueron advertidos en los cuatro costados de la cancha”, opinó El Litoral.

El 9 de noviembre, el gobernador de la provincia de Santa Fe, Juan Hugo Caesar, prometió que “se iba a hacer justicia”. Por su parte, el ministro de Justicia y Educación, Raúl Rapela, le envió una nota al presidente de la AFA, Valentín Suárez, y otra al Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, expresando su disconformidad con “el vergonzoso arbitraje de Máximo Aguirre”.

Ese mismo día, hubo una masiva manifestación de hinchas tatengues en la Plaza Colón. Mientras algunos de los oradores seguían descargando su repudio contra Aguirre y las autoridades de la AFA, irrumpió en escena un grupo de simpatizantes sabaleros, flameando una bandera rojinegra. “La adhesión fue espontáneamente aplaudida por los hinchas rojiblancos. Y hubo un grito de ambas hinchadas al unísono: Unión y Colón a Primera División”, afirmó El Litoral.

Quilmes rompió relaciones con Unión y dijo que el comportamiento de los hinchas, directivos y jugadores del club santafesino fue “indigno de personas civilizadas”.

El 11 de noviembre hubo una reunión en la AFA. De la misma participó Abelardo Barrera, director de prensa de la Casa de Gobierno, en representación del gobernador de la provincia, Juan Caesar. “Este compromiso que asumimos da una pauta exacta del incalificable arbitraje que le cupo al referee Máximo Aguirre, que ha sido un verdadero atropello al deporte santafesino”, le dijo Barrera a Suárez, titular de la entidad madre del fútbol nacional.

Una semana después, el Tribunal de Penas dio a conocer su fallo: los futbolistas Ávila y Luengo fueron suspendidos por cinco años, mientras que Mieres, Genín y Grecco recibieran 20 fechas de sanción. Además, fueron suspendidos el gerente del club, Machado, y el aguatero del plantel, Ibáñez. Unos días después, la AFA confirmó que quedaba inhabilitado el 15 de Abril. Lo curioso es que, en declaraciones periodísticas, Aguirre no había involucrado a los futbolistas rojiblancos como agresores, pero sin embargo fueron duramente sancionados. “La AFA y Aguirre contra Unión”, tituló El Orden. “Ensañamiento del Tribunal de Penas contra el Club Atlético Unión”, reafirmó El Litoral.

El equipo se desarmó y de los últimos ocho encuentros ganó tres y perdió cinco, por lo que quedó tercero, detrás de Quilmes, el campeón, y de Colón. Como en aquella época la Federación Colombiana de Fútbol no estaba afiliada a la FIFA, Ávila y Luengo se fueron a jugar a ese país. El resto cumplió la sanción. En tierras cafeteras, Ávila hizo historia: jugó en Deportes Caldas de Manizales y se consagró campeón en 1950. Luego fue campeón con Millonarios en 1952 y 1953, donde jugó junto a Alfredo Di Stéfano y Adolfo Pedernera.

Tras la finalización del torneo, El Orden publicó una columna de opinión, donde volvió a dejar en claro cuál era su postura sobre aquel encuentro: “Unos días más y habrá expirado 1949, el año que parecía que iba a ser el de Unión, el año en el cual iba a ofrendar a su ciudad un motivo más de orgullo: el de poseer una entidad militante en el campeonato grande de la AFA. Pero cuando la obra parecía terminarse y el escenario se preparaba para el júbilo, la ambición de unos pocos pudo más que la razón y Santa Fe asistió al tristísimo espectáculo de ver a una de sus instituciones mancilladas por la injusticia”.

En otro párrafo, las críticas hacia el Tribunal de Penas fueron aún más duras: “Casos más graves que el de Unión han tenido levísimas sanciones. Se demostró el soborno de Máximo Aguirre, el árbitro que preparó el terreno para dar el golpe final, como lo hacen los delincuentes. La herida abierta por Quilmes, su aliado Máximo Aguirre, y conjurada por el Tribunal de Penas está abierta y sangrante como el primer día. Lo real, lo exacto, lo inmensamente cierto es que la ofensa primero, el ensañamiento después, han sido contra la dignidad deportiva de Santa Fe, y ese es el reparo que se espera cada día”.

* Publicada en noviembre de 2009 en el semanario Soy Deportes y en el libro "Tiempo Recuperado".
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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