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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

7/10/11

Apagón Tatengue y salvación

Unión Quilmes apagón

En 1982 Unión estaba al borde del descenso y en la última fecha recibía a Sarmiento: tras un ataque del equipo de Junín las luces del 15 de Abril se apagaron y el partido se interrumpió varios minutos. En la reanudación, con el rival ya descendido por los resultados en otras canchas, el Tate logró la victoria y forzó un desempate con Quilmes. Finalmente, mantuvo la categoría.

Por Nicolás Lovaisa

Ángel Cappa suele decir que el descenso no es una tragedia. Y cuánta razón tiene Cappa. Y cuánta razón no tiene Cappa. En la alta competencia, y a veces en la competencia no tan alta, el descenso deportivo viene acompañado de lastres materiales y simbólicos. De los primeros se hacen cargo los dirigentes: descuentan que bajar de categoría equivale a penurias financieras y acaso a disolución institucional. De los segundos se hacen cargo los hinchas: descender equivale a una deshonra que recorre las vísceras, taladra el cerebro, mancilla el alma. En el medio, los jugadores, los más puros o los más impuros según soplen los vientos. De tal suerte, aceptar hidalgamente el descenso o impedirlo llueva o truene depende de cómo se tramita la máxima de Quintiliano: la conciencia vale por mil testigos.

Las recordadas finales con River en 1979, en la que dos empates habían dejado sin título a Unión, comenzaban a quedar atrás. Luego de una buena actuación en el Metropolitano de 1980 (finalizó 5º) y también en el Nacional de ese año, en el que fue eliminado en cuartos de final por Rosario Central, los rendimientos comenzaron a decaer. En 1981, más allá de algunas victorias resonantes, como ante el Boca de Maradona, el Tate terminó en mitad de tabla en el Metropolitano y quedó afuera en la fase de grupos del Nacional. A fines de ese año, Súper Manuel Corral fue elegido por cuarta vez presidente y su primera decisión fue concretar el retorno de Reinaldo Volken como técnico.

En 1982, el calendario futbolístico se inició con el Nacional. Unión tuvo un pésimo comienzo, pero logró recuperarse y clasificó a los cuartos de final, donde quedó eliminado a manos de Quilmes, desde los doce pasos. En el Metropolitano, la campaña era mediocre, de mitad de tabla. “Muchos unionistas viven con la angustia del descenso y eso no tiene razón de ser. Tendría que irle muy mal a Unión y muy bien a todos los de abajo para llegar con zozobras al final”, declaró con optimismo por aquellos días Rubén Neme, uno de los dirigentes más importantes de la historia rojiblanca.

Pero la angustia del pueblo tatengue tenía razón de ser. En las últimas 13 fechas cosechó seis empates y siete derrotas, se fue Volken y asumió Alberto Violi. Así, llegó a la última jornada con la soga al cuello. La AFA aún no había instalado los promedios, por lo que descendían los dos que cerraban la tabla de posiciones. Unión y Quilmes llegaron a la última fecha con 25 puntos, compartiendo la penúltima posición, apenas por encima de Sarmiento, que tenía 24. Precisamente, el Tate debía enfrentar a los de Junín en el 15 de Abril, mientras que los Cerveceros recibirían a Instituto de Córdoba.

Luz en la oscuridad

Las cuentas estaban claras: si Unión y Quilmes ganaban, se aseguraban al menos un partido desempate por la permanencia. Además, el triunfo de cualquiera de los dos condenaba a Sarmiento, que debía ganar sí o sí para mantener viva la esperanza de la salvación. La AFA, lógicamente, determinó que los encuentros se jugaran el mismo día y a la misma hora: sábado 5 de febrero de 1983, a las 21.

Sarmiento arribó al estadio de la Avenida cerca de las 19. Una hora después, los jugadores comenzaron a salir del vestuario visitante, mientras el técnico, Federico Pizarro, invitaba a los periodistas a que ingresaran al mismo, denunciando “un olor ácido, que le irritó los ojos a mis jugadores y provoca vómitos”. “El médico no quiere que juguemos el partido, por temor al antidoping”, decía a su vez el gerente de esa entidad, Ismael Cannaparro. Los medios locales no le dieron entidad a esos hechos. Los descompuestos eran Cano, Cordero, De La Llera y Benítez. El central Polo se negaba a cambiarse en el vestuario. El árbitro, Arturo Ithurralde, le ofreció el suyo y el jugador se negó: “Se cambia o lo expulso antes de que empiece el partido”, le contestó el juez.

El partido comenzó finalmente a las 21.34, más de media hora después de lo previsto. El empate sin goles con el que se fueron al descanso complicaba cada vez más al Tate. En el complemento, el dueño de casa fue al ataque, descuidándose atrás. “El adelantamiento de Unión casi fue lapidario cuando en un contragolpe de la visita quedó solo Luna ante la desesperada salida de Trucco. Tiró por elevación el puntero de Sarmiento y salvó Bottaniz”, dice la crónica de El Litoral de aquel encuentro.

Inmediatamente después de esa acción, una de las torres de luz dejó de funcionar. Ithurralde se vio obligado a parar el partido hasta que se restableciera la iluminación del estadio. En ese lapso, la radio confirmó la victoria de Quilmes sobre Instituto, por lo que Sarmiento ya no tenía chances de mantener la categoría y el Tate necesitaba el triunfo para forzar un desempate. Luego de 18 minutos, la pelota volvió a rodar. “En el primer avance luego de la reanudación llegó el tanto de Unión: centro de Hugo López, remate de Centurión que, luego de dar en el arquero y el palo, se metió. Sarmiento evidenció síntomas de cansancio para buscar el empate”, precisó el vespertino.

Lo ocurrido en Santa Fe despertó sospechas en todo el país, y la indignación de la dirigencia Cervecera, que se negaba a jugar el desempate. “Hubo demasiadas coincidencias, como haber empezado el partido 34 minutos después y el problema en la torre de luz. El gol de Unión llegó cuando se conocían los demás resultados y Sarmiento ya estaba descendido”, se quejaba José Luis Meizner, asesor letrado de la entidad, quien ya comenzaba a tender una relación de amistad con Julio Humberto Grondona.

El lunes 7 de febrero la AFA le dio cinco días a Sarmiento y Unión para que hagan sus descargos, luego de la protesta de Quilmes. Además, pidió un informe a la Dirección Provincial de la Energía y también a un grupo de peritos químicos por los olores en el vestuario denunciados por Sarmiento. El 17 de febrero la entidad madre del fútbol nacional convocó a los clubes. Por el lado de Unión estuvieron Corral y Neme. Del otro lado había gente de peso: a Meizner se sumó Julio Cassanello, el hombre que la dictadura militar había designado para ser intendente de Quilmes entre 1979 y 1982, y que fue presidente del Comité Olímpico Argentino entre 2005 y 2008.

La AFA no hizo lugar a la protesta de Quilmes, pero multó a Unión y a Sarmiento con una suma de 14.500.000 pesos. Corral argumentó que la demora en el inicio fue responsabilidad del plantel juninense, y prueba de eso era que la planilla rojiblanca había sido entregada a horario. A su vez, la Dirección Provincial de la Energía dejó en claro que el apagón “se debió a motivos imponderables”. “Este fallo es un certificado de defunción para el fútbol argentino. Es la institucionalización del crimen perfecto”, disparó Meizner.

Aquel partido ante Sarmiento fue el último del equipo de Junín en Primera División. “Ese partido fue terrible. Llegamos y nos tendieron una emboscada, lisa y llanamente. El vestuario estaba cerrado, cuando pudimos entrar tenía doble puerta, el piso estaba todo baldeado de gasoil con una carretilla de carbón encendida. No se podía respirar. Yo comienzo a vomitar y me desmayo”, recordó el zaguero Gustavo De La Llera en una entrevista con el periodista Carlos Aira para el portal Xenen.

“Los directivos de Sarmiento decían que no se jugaba. El partido se retrasó y ahí llegó una apretada enorme de la dirigencia de Unión, la hinchada, la AFA y la policía. Los dirigentes arrugaron y salimos a jugar. No pudimos Cordero (Horacio Raúl, que la temporada siguiente jugó para Unión) ni yo. Se cortó la luz dos veces. En el segundo corte, le pegaron una apretada grande a mis compañeros. Encima, cuando volvíamos a Junín, la hinchada nos cruzó el micro en la ruta. Estaban recalientes. Polo y yo tuvimos que explicarles que no habíamos ido para atrás”, agregó.

Dos semanas después de aquel cuestionado triunfo se jugó el desempate ante Quilmes. Fue el domingo 20 de febrero, en cancha neutral. El escenario elegido fue, llamativamente, el estadio de Sarmiento. Quilmes jugó el partido bajo protesta.  Un gran número de hinchas acompañó al Tate. Mezclado entre ellos estaba Carlos Monzón, simpatizante del eterno enemigo pero boxeador tatengue. La barra cervecera contó con un inesperado apoyo: un grupo de 50 socios del club de Junín. Con un gol de Marcos Capocetti, de penal, el Tate salvó la categoría. En la tribuna que ocupaba el pueblo rojiblanco, una bandera resumía todo: “La AFA y Unión, un solo corazón”.

* Publicada en el libro "Tiempo Recuperado".
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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