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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

7/10/11

El arquero sin rostro


En la década del 30, cuando el profesionalismo llegaba al fútbol, Gimnasia y Esgrima de Ciudadela competía de igual a igual con Colón y Unión en la Liga Santafesina. El arco de los Pistoleros era custodiado por Alfredo Mors, que tenía una particularidad: jamás mostró su rostro en las fotos de las formaciones.

Por Nicolás Lovaisa

Las formaciones cambian. Algunas jugadores también. Pero él no. Y su particular forma de posar para la foto, tampoco. Gimnasia y Esgrima de Ciudadela sale a la cancha. Es, en la década del ´30, un equipo a la altura de Colón y Unión. La Liga Santafesina de Fútbol, una de las más importantes del país, reúne a miles de hinchas cada fin de semana. Los diarios El Litoral, El Orden y Santa Fe siguen en sus páginas torneos oficiales y también partidos amistosos. 

Los fotógrafos ingresan al campo de juego antes de cada encuentro y le piden a los equipos que se formen. Agachados siempre están los cinco atacantes, y el centrofóbal es el que, habitualmente, apoya sus manos sobre la pelota. De pie aparecen los tres integrantes de la línea media, los backs y él, el arquero. Él es Alfredo Mors, “un correntino que fue algo así como el precursor de Amadeo Carrizo”, según contaba en sus columnas El Bachiller, seudónimo del periodista Juan Fernández, uno de los más populares comentaristas deportivos de la ciudad.

Sus enormes condiciones bajo los tres palos y el hecho de haber integrado el plantel de Gimnasia que en 1931 se consagró como el primer campeón profesional del fútbol argentino lo convirtieron en un emblema del club. Aunque también es recordado por su particular manera de posar para las fotos: jamás mostraba su cara. No hay una sola formación del Pistolero en la que Mors mire a la cámara. Ocultaba su rostro mirando hacia abajo en el preciso instante en el que el fotógrafo gatillaba. Y, por las dudas, usaba su enorme boina para resguardarse del flash.

No es el único caso en el fútbol nacional. Según publicó el periodista Alejandro Fabbri en una nota para la revista “Un Caño“, es “casi imposible encontrar fotos en las que arqueros como Bruno Barrionuevo, de Huracán, y Juan Elías Yustrich, de Boca, aparecieran mirando a la cámara, sonrientes o serios”. Lo mismo ocurría con Vicente Zito, un entreala derecho que jugó en Quilmes, Racing y Atlanta. Al igual que Mors, esquivaban el clic del fotógrafo mirando al piso. Pero al haber jugado en clubes de Buenos Aires, con una extensa trayectoria dentro de la AFA, una búsqueda por internet permite encontrar algunas fotos de sus rostros, aunque no en formaciones.

La decisión de Mors, de no mostrar jamás su cara, fue el disparador de rumores que, con el tiempo, fueron tomando entidad de verdad absoluta. “Lo que se decía, incluso lo decían algunos viejos hinchas que lo vieron atajar, es que se escondía porque andaba fugado, que tenía problemas con la policía. A mí siempre me pareció curioso que dijeran eso, porque ¿cómo un tipo que se está escapando de la ley va a firmar una planilla con su nombre y todo? Pero en el club tenemos la foto de una formación de ese año, y siempre que se mencionaba a Mors se decía eso”, contó Santiago Benítez, quien fue presidente de la institución a la que siempre estuvo vinculado. 

Hace unos años, la escritora María Zulema Amadei le dedicó un cuento a Mors, a modo de homenaje: “El Día del Arquero”. Zulema es hija de Rafael Amadei, defensor que fue compañero de Mors en Gimnasia y que también jugó como profesional en Independiente. Allí, cuenta la curiosidad que le despertaron aquellas viejas formaciones del Pistolero en la década del ´30.

“Entre esas fotos viejas se destacaba la imagen de un señor alto, enorme, con gorra en vez de cabeza. Me intrigaba esa figura sin rostro, esas manos grandes, ese cuerpo encapuchado que terminaba en redondez. Indagué muchas veces hasta que conseguí que papá me contara su historia. Alfredo Mors, arquero. El día que jugó en Primera un fotógrafo le hizo una toma de cuerpo entero, solo, al lado de los palos. Alfredo se peinó, se acomodó y sonrió, feliz, frente al objetivo. Nunca consiguió la placa, no fue publicada, jamás supo adónde fue a parar el negativo. Desde entonces, Mors, en el momento exacto del clic maravilloso, se baja la gorra y posa frente al mundo sin ojos, sin boca, sin cara. Protesta muda contra todos los fotógrafos por aquel farsante que le prometió la gloria de la imagen. No miraba, tampoco lo podían ver”.

La búsqueda en el archivo personal de la familia Amadei y de algunos hinchas de Gimnasia demuestra que Mors jamás mostró su cara en la tradicional foto de los equipos antes de cada encuentro. Sin embargo, una vez, decidió mirar de frente a la cámara dentro de un campo de juego. Aunque lo hizo solo, alejado de sus compañeros. Fue el sábado 2 de enero de 1932, ante el fotógrafo de El Litoral. El periodista que escribió la nota, consciente del logro, tituló: “Alfredo Mors, de cara al sol, de cuerpo entero para nosotros”. Y en la bajada agrega: “El popular golero de los mens sana no deja su gorra ni en los momentos más apurados de los partidos”.



“Alfredo Mors custodia la valla mens sana: el referee está sorteando en ese momento el arco, y la suerte lo deja al correntino donde está. Y nosotros aprovechamos el espacio de tiempo que nos da el reloj para hablarlo a Mors, y como este muchacho, a fuer de jugador es un gran muchacho, aunque se da cuenta de lo que queremos no huye y posa para nosotros. Eso sí: la gorra no me la saco, aclara”. 

“Ya es conocida la manía de Mors con su gorra. Más de una vez habránlo visto los aficionados deteniendo con una mano la pelota en un salto espectacular y con la otra deteniendo a la gorra que iniciaba un vuelo al impulso del viento”, agrega el cronista. El epígrafe también destaca el logro del fotógrafo: “El gran golero de Gimnasia y Esgrima, en una pose para este diario. Muestra por primera vez su faz, aunque la gorra no se la quiso sacar. Dice que es gualicho”. Su hija Emilce, que aún vive en Santa Fe, asegura que su actitud tenía que ver con “una cábala”. 

Ya retirado, y afianzado como empleado de la Municipalidad de Rentas de Santa Fe, en 1944 mostró su cara en una cancha por segunda vez. Y esta vez, sin gorra. Claro, ya era un ex arquero y permitió la excepción. Fue en un partido que disputaron “grandes figuras de Gimnasia”, a beneficio de la familia de un ex compañero. 

El Litoral elogió su buena forma y recordó sus condiciones como arquero: “Era un guardavalla sin la pose que hoy tanto gusta y que los jugadores creen que debe ser obligatoria o necesaria. Nada de grandes estiradas ni de revolcones ni de piruetas coreográficas. Sencillo, más bien desgarbado. Mors se mantenía entre los palos como un hombre que sólo mira lo que hacen los demás. Pero todo era entrar en acción para que de inmediato demostrara lo difícil que resultaba batirlo. Su golpe de vista, la seguridad de sus manos, la intuición de la jugada, ya la inteligencia del hombre que conoce a fondo a los suyos, a los ajenos y a sí mismo en acción”.

Como bien afirma Zulema Amadei en su texto, durante mucho tiempo Mors, que jamás mostraba su rostro, fue sin embargo uno de los referentes de aquel Gimnasia. Los arqueros que vinieron después, para muchos hinchas santafesinos, fueron simplemente “caras que encajan en un lugar de la gorra maravillosa, romántica inútil, gesto contra el fotógrafo y la fotografía, la mentira, la promesa inútil”.






Publicada el 7 de octubre de 2011 en el libro "Tiempo Recuperado".
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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