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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

7/10/11

La barra que “fue para atrás”

Unión Banfield 1993

En 1993, la barrabrava Rojiblanca amenazó y golpeó a los jugadores de Unión para que "fueran para atrás" ante Banfield, que necesitaba ganar para evitar el ascenso de Colón. La historia detrás de aquellos hechos.


Por Nicolás Lovaisa

La situación no era cómoda para nadie en Unión. Faltaban pocas fechas para el final del Nacional B 1992/93 y el fixture ponía a los corazones rojiblancos en una encrucijada. En la última fecha debía enfrentarse con Banfield, que peleaba mano a mano el título y el ascenso con Colón. Nadie, absolutamente nadie, quería llegar a ese partido con la obligación de ganar, para no favorecer al eterno enemigo. Los ánimos ya estaban caldeados en la Avenida por el descenso sufrido apenas unos meses atrás, y la sola idea de darle una mano al rival de toda la vida empeoraba aún más el clima.

El hincha, además, no se resignaba: quería el ascenso. Para volver rápidamente a Primera División, como lo había hecho en 1989, y para homenajear a Hernán René Solari, que había perdido la vida en un accidente automovilístico unas semanas antes, horas después de marcarle un gol a Colón. “En memoria del Indio vamos a ganar, en memoria del Indio vamos a ganar, y la vuelta, y la vuelta vamo’ a dar”, se escuchaba desde los cuatro costados en cada partido en el 15 de Abril.

Lo mejor era llegar a esa última jornada con todo resuelto. Clasificados al Reducido por el segundo ascenso, y que la definición por el título no lo tuviera como juez. O mejor aún, poner frente a Banfield una formación alternativa, para cuidar a los titulares de cara al octogonal. Daniel Silguero, técnico tatengue, se ilusionaba públicamente con esta última posibilidad. Era, sin dudas, la mejor manera de esquivar el choque con el Taladro.

La mano venía bien. Unión tuvo una gran actuación en esa segunda rueda; ocho victorias, ocho empates y dos derrotas lo llevaron a pelear por su objetivo, que era el Reducido. Faltaban tres fechas para el final, y con dos puntos se aseguraba la clasificación. Debía visitar a Almirante Brown, Talleres de Remedios de Escalada y cerrar el torneo con Banfield, en Santa Fe.

En Isidro Casanova, el Tate tuvo todo como para respirar tranquilo hasta el final, pero dejó pasar una oportunidad increíble. Carlos Ramón González y Dante Fernández, de penal, pusieron el 2 a 0. Esa victoria dejaba al equipo dentro del octogonal. Sin embargo, en el segundo tiempo, Carlos Cardozo y Enrique Sánchez empataron para La Fragata. A cinco minutos del final, Cardozo, esta vez desde los doce pasos, complicó definitivamente a los Rojiblancos al sentenciar el 3 a 2.

El próximo rival era Talleres de Remedios de Escalada, que tenía en su equipo a dos jugadores que prometían: Javier Zanetti y Roberto Pompei. Unos días antes, Tito, no tuvo problemas en reconocer que habían sido incentivados por Banfield, cuando debieron enfrentar a Colón. “La plata ya la cobramos, demoró, pero llegó. Lo importante es que Talleres no hizo nada malo, salió a ganar, como en todas las canchas”, admitió en una entrevista con LT9 Radio Brigadier López.

El partido con Talleres debía jugarse el 13 de junio, pero las intensas lluvias que cayeron sobre Buenos Aires obligaron a la suspensión de ése y otros dos encuentros. Banfield superó con comodidad a Almirante Brown mientras que Colón, gracias a un bombazo de Juan José Ferrer desde 30 metros, venció con lo justo a Sportivo Italiano, por lo que llegaban a la última fecha compartiendo la punta. El Taladro debía visitar el 15 de Abril, mientras que los Rojinegros eran visitantes de Chaco For Ever.

Unión salió a jugarse su suerte el martes 15 de junio, sabiendo que una derrota lo ponía en una situación demasiado incómoda. Talleres no jugaba por nada, pero con goles de Pablo Quintieri y Rubén Córdoba dejó al Tate ante al peor escenario posible: ganarle a Banfield para asegurarse la clasificación y favorecer a Colón, o poner una formación “liviana” ante el Taladro, resignarse a mirar el octogonal desde afuera y apostar por una caída rojinegra. Dirigentes, cuerpo técnico y jugadores no tuvieron demasiado tiempo para analizar esas posibilidades.

 “Van a cobrar…”

En aquellos años, los integrantes de la barra brava, conocida históricamente como “La Bomba”, se manejaban con total libertad dentro del club, a toda hora y en cualquier lugar. Sus líderes estaban directamente relacionados con UPCN (Unión Personal Civil de la Nación), el gremio más importante de la provincia, conducido por Alberto Maguid. Ya habían sido protagonistas de varios hechos de violencia contra hinchadas rivales, periodistas y jugadores, pero seguían siendo intocables.

El presidente del club era Néstor Julio Rodríguez, pero el poder pasaba por otro lado. “Yo iba a cobrar mi sueldo y me descontaban un porcentaje para la hinchada. Prácticamente manejaban Unión, no se podía estar, me acuerdo que el paddle era de ellos”, afirmó Héctor Varisco, arquero de aquel equipo, en un reportaje con la revista Entre Líneas. “Vos ibas a hablar con el presidente y antes tenías que encontrarte con ellos. Llegabas a cobrar, entrabas a la oficina y te aparecían Pelusa (Juan Carlos Fernández, por aquel entonces líder de La Bomba) y otros personajes. Ellos decidían si cobrabas o no. Este sí, aquel el domingo no corrió, este me cae mal y no cobra… así era todo, y si los enfrentabas, cuando salías tenías el auto roto a piedrazos. Encima, cuando te pagaban, te descontaban una parte que iba a la barra”, declaró Miguel Ángel Saiz, integrante del plantel, en declaraciones al bisemanario Edición Uno, de Esperanza.

Horas después de la derrota en Remedios de Escalada, el plantel debía reencontrarse en La Tatenguita, para empezar la semana de entrenamiento de cara al partido ante Banfield. La práctica estaba a punto de arrancar, cuando ingresaron al lugar algunas motos, un Ford Falcon y una camioneta de UPCN. Eran cerca de 30 integrantes de “La Bomba”, que dejaron en claro el por qué de su visita apenas pisaron el predio.

Walter Narducci, periodista de LT9, había llegado temprano al entrenamiento y estaba hablando con el utilero del plantel, Jorge Mendoza. “A vos te junamos, tomatelá de acá”, le dijeron. Narducci tuvo que alejarse del lugar, pero antes alcanzó a esconder su moto. Se quedó en el predio hasta que Horacio Fanto, presidente de la subcomisión de Fútbol, se la devolvió. Luego llegó Julio César Canteros, de LT10. Los “consejos” para quienes eran ajenos al plantel seguían siendo los mismos: “Piren, piren, no los queremos ver. No abran la boca, porque ustedes también son boleta”.

Los jugadores sabían que la barra se iba a hacer presente en el lugar, pero jamás imaginaron la situación que les iba a tocar vivir. “Pierdan el partido con Banfield porque no nos interesa clasificar al octogonal, queremos que Colón no ascienda”, gritaban quienes se adjudicaban la representación del sentimiento tatengue.

Al primero que agredieron fue al técnico, Hilario Bravi. Varisco, dueño indiscutido del arco rojiblanco en ese momento, intentó defenderlo. Le pusieron un arma de fuego en la cabeza y le gatillaron. “Yo soy de Unión, soy de Unión”, alcanzó a decir el uno. “Si de verdad sos de Unión dejáte hacer un par de goles con Banfield”, fue la respuesta de quien le apuntaba a la sien.

“No jugaste bien en todo el torneo y ahora querés salir a ganar con Banfield. Te vamos a matar”, le dijeron a Jorge Llane, volante central de aquel equipo, varios barras que se ensañaron con él. También sufrió la irracionalidad de ese grupo Dante Fernández, que estaba haciendo un campeonato espectacular: 19 goles en 34 partidos. “Si hacés un gol con Banfield te matamos”, le dijeron al cordobés, al que castigaron con golpes de puño y le pegaron dos culatazos en la nuca.

“Esto es sólo un anticipo de lo que puede pasar si no pierden con Banfield. Tengan mucho cuidado con hacer la denuncia policial o decirle algo a los periodistas porque en ese caso la mano dura vendrá con sus mujeres, sus hijos y sus familias”, fue la advertencia final de “La Bomba” antes de retirarse. Ese mismo día hubo amenazas telefónicas a familiares de otros jugadores del plantel. La agresión fue tan brutal que diarios como La Capital, Crónica, Popular, Clarín y La Nación le dieron cobertura en sus páginas.

“La idea de estos tipos era que no juegue la columna vertebral del equipo. Pero yo quería jugar igual, tenía 20 años, era soltero, no me importaba nada. Después tomé conciencia de que me habían gatillado. Hasta el presidente Rodríguez me había dicho que no juegue, y tuve que hacerle caso”, contó resignado Varisco años después.

En un primer momento, la dirigencia rojiblanca no hizo la denuncia y el presidente Rodríguez, quien también había sido amenazado de muerte, se excusó ante los medios al argumentar que “ningún dirigente presenció el hecho”. Una mentira, ya que Fanto, titular de la subcomisión de Fútbol, fue testigo de la agresión. Se convocó a una reunión en la quinta del presidente, a la que acudió la cúpula directiva y varios referentes del plantel. “Nosotros no podemos ir para atrás. Si vamos para atrás ¿qué club nos va a contratar después?”, argumentaban los jugadores. En esa reunión, además, se decidió no acudir a la justicia.

Sin embargo, actuó de oficio el juez de Instrucción de la 8ª Nominación, Luis Rodríguez. Horas antes del choque con Banfield fueron detenidos José María Centurión, Juan Carlos Fernández y Diego Tibaldi, a quienes se les secuestraron un revólver calibre 32 con 50 proyectiles y un revólver calibre 22 con ocho proyectiles intactos y dos cápsulas servidas.  Centurión negó haber formado parte del apriete, “ya que me encontraba trabajando en la mutual (de UPCN) a esa hora”, mientras que  Fernández y Tibaldi negaron ser parte de la barrabrava.

“Todos sabíamos lo que había pasado, pero ninguno se animó a declarar ante la justicia. Le tomamos declaración a casi todo el plantel, al cuerpo técnico, a los dirigentes. Todos negaron la agresión, por lo que no había elementos para avanzar en la investigación. Con el tiempo, se terminó archivando y quedó en la nada”, contó una de las personas que trabajó en la causa.

Llegó la hora de la verdad ante el Taladro. A la cancha salió el mismo equipo que venía de caer ante Talleres de Remedios de Escalada, con la excepción de tres previsibles bajas: los agredidos Varisco, Llane y Fernández. Los reemplazaron Hernán Palet, Ariel Catínot y Juan Wabeke, respectivamente.

El miedo se hizo carne en el hincha, y el 15 de Abril estuvo menos poblado que de costumbre. La barra, ubicada detrás del arco que da a la pileta, le pedía al equipo “que fuera para atrás”. El resto, alentaba tímidamente. La televisión transmitía para todo el país los dos partidos en vivo, a pantalla partida. El jujeño Jorge Ortega abrió el marcador para los del sur del Gran Buenos Aires y, unos minutos más tarde, en Chaco, Adrián Marini puso el 1 a 0 para Colón, que los llevaba a un desempate.

Ya en el complemento, otra vez Marini y Roberto Mamani aseguraron la victoria sabalera: 3 a 0 y a esperar por lo que pasaba en Santa Fe. A los 23 minutos, Marcelo Rufini igualó para Unión. Con ese empate, Colón era campeón, mientras que el Tate necesitaba un gol más para ingresar al Reducido. Pero “La Bomba”, por si no había quedado claro durante la semana previa, quería otra cosa. “Van a cobrar, van a cobrar” fue el grito que bajó desde la barra a modo de advertencia para los futbolistas y para los hinchas rojiblancos que habían osado gritar un gol de su equipo.

Cinco minutos más tarde, Juan Carlos Roldán decretó el 2 a 1 definitivo y forzó un desempate que, por penales, terminó ganando Banfield. “Me parece que el Negro no sale campeón, me parece que el Negro no sale campeón, porque el Tate, porque el Tate lo cagó”, fue el festejo de los que se sintieron ganadores pese a la derrota. “Los jugadores no fueron para atrás, el tema es que estábamos todos muy presionados  por lo que había pasado. Hubo amenazas de muerte, golpes, armas y, en el medio, familias, todo por un partido de fútbol. Los hinchas fueron para atrás, muchos festejaron los goles en contra de Unión”, agregó Varisco.

Días después, la revista Sólo Fútbol publicó declaraciones de un jugador de Unión que pidió reserva, y que resumía lo vivido en el club: “Ese partido estaba para ganarlo, pero no sabemos qué podía llegar a pasar. Mi familia y mi vida están antes que el fútbol. Nadie quiere seguir jugando acá. Es el lejano oeste”.

* Publicada el 7 de octubre de 2011 en el libro "Tiempo Recuperado".

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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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