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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

1/3/13

Una vergüenza que se construyó en 40 días

Luis Spahn Unión

Tardecita del domingo 24 de junio de 2012 en el 15 de Abril. Duván Zapata marca el 2 a 2 para Estudiantes y ambos equipos parecen conformarse con el empate. Se retira del fútbol Juan Sebastián Verón, aplaudido por todo el estadio, mientras Unión asegura su permanencia en Primera División, un lugar por el que peleó durante ocho años en el ascenso.

Por Nicolás Lovaisa


Si bien esquiva el descenso y la promoción recién en la última fecha, el Tate cierra una temporada tranquila. Más allá de alguna mala racha, casi no sufrió con el promedio y celebró más de lo que se lamentó. Buenos triunfos ante Vélez, San Lorenzo, Racing y el buen sabor que dejaron los clásicos ante el eterno enemigo: uno con victoria, el otro un empate tras estar 0-2 en el marcador.

Exactamente cuarenta días después, Unión abre el Torneo Inicial 2012 ante Arsenal, en Sarandí. Pierde 1 a 0, por un insólito gol en contra de su arquero. El presidente Luis Spahn se muestra contento ante los medios porque se formó un plantel “mejor que el de la temporada pasada”. Pasaron 22 partidos desde ese día y el Rojiblanco aún no ganó. Su nefasta racha de 26 partidos sin victorias sólo es superada por las de Argentino de Quilmes, en 1939, y Sarmiento, en 1982, por lo que este Unión, ya sin lugar a dudas, está entre los peores equipos de la historia del fútbol argentino.

Manual de cómo desarmar un plantel

Tras el ascenso, en junio de 2011, Unión perdió un jugador clave: Pablo Pérez, que a los pocos meses de regresar a Newell’s se convirtió en uno de los titulares inamovibles de la Lepra. Se aseguró la continuidad de casi todo el plantel y se sumaron varios refuerzos que rindieron, como Enrique Bologna y Rodrigo Erramuspe. Más tarde, antes del comienzo del Clausura 2012, Matías Donnet y Diego Jara. Sin embargo, la ausencia de Pérez se sintió y se sigue sintiendo.

En los cuarenta días que separaron el final del Clausura 2012 con el comienzo del Inicial, el plantel Rojiblanco se desmembró por completo. Paulo Rosales, figura en el ascenso y en el Apertura 2011, se fue como jugador libre. Enrique Bologna, uno de los mejores arqueros de la temporada 2011/12 en Primera División, se fue a Peñarol. Unión tenía una opción de compra por el Beto, pero no hizo uso de ella. También influyeron en su partida cuestiones personales. Rodrigo Erramuspe volvió a Lanús. El Tate no tenía poder de decisión sobre el defensor. A Jorge Velázquez se lo llevó Belgrano y es una ausencia que el equipo no pudo reemplazar. Juan Pablo Cárdenas, muchas veces cuestionado en exceso, pero un jugador que al club le rindió mucho, también se fue. Sebastián Vidal siguió el mismo camino, tras ser titular en el ascenso y sufrir por las lesiones en Primera.

En esos cuarenta días, poco más de cinco semanas, Unión perdió a cuatro titulares indiscutidos: Bologna, Erramuspe, Velázquez y Rosales, más Cárdenas y Vidal, que casi siempre habían rendido.

¿Cómo los reemplazó la comisión directiva que encabeza Luis Spahn?

En el arco apostó por Pablo Perafán, de buena campaña en Defensa y Justicia pero sin experiencia en Primera División, más Alejandro Limia, un jugador en el que evidentemente no se confiaba demasiado, ya que Unión siempre incorporó arqueros, más allá de su presencia en el plantel.

En la defensa, para reemplazar a Erramuspe llegó Ricardo Mazacotte, con trayectoria en Nacional, un equipo de segunda línea de Paraguay. Además, sumó a Bruno Bianchi, desde el Douglas Haig campeón del Argentino “A”; a Guillermo Cosaro, quien no era tenido en cuenta por Talleres (también del Argentino “A”); y a Maximiliano Lugo, que se había roto los ligamentos cruzados de su rodilla izquierda siete meses antes y venía de descender a la “B” Metropolitana con Atlanta.

En el mediocampo, hizo un esfuerzo económico importante por Brahian Alemán, promesa de Defensor Sporting de Uruguay. Esa inversión hubiera permitido la continuidad de algunos de los jugadores clave que se habían ido, pero se apostó por él. En esa zona también sumó a Diego Galván, colgado en Estudiantes, con apenas seis partidos disputados en un año. Además, se decidió la continuidad de Pablo Míguez, que había jugado la mitad de los partidos de la temporada anterior y, si bien había tenido algunas actuaciones convincentes, no parecía ser un jugador por el cual la dirigencia debiera preocuparse para asegurar su permanencia en Santa Fe.

En el ataque se pusieron todas las fichas en Cristian Núñez: estuvo en Santa Fe menos de seis meses y se le rescindió el contrato por su conducta. En la cancha, jamás demostró que el esfuerzo que hizo Unión por él se justificara por sus condiciones. Sobre el cierre del libro de pases llegó Andrés Franzoia, un delantero rápido, pero casi sin gol (lleva 23 en 162 partidos en su carrera).

La falta de jerarquía del plantel que armó esta comisión directiva junto a Frank Darío Kudelka le costó el puesto al técnico, responsable por haber pedido a algunos de estos jugadores, pero mucho menos que los dirigentes, que son quienes finalmente deciden a quién se contrata y a quién no. Luego pasó Nery Alberto Pumpido y ahora es el turno de Facundo Sava.

Un agravante: pese a la desastrosa campaña de apenas 7 puntos en el Inicial, Unión seguía con vida por la incapacidad de sus rivales para terminar de hundirlo. Siquiera eso supo aprovechar esta dirigencia. Si en algunos puestos había mostrado falencias el Tate fueron en el arco, el sector izquierdo del mediocampo y, sobre todo, en el delantero de área. Usó sólo un cupo y se incorporó a Damián Lizio, un volante ofensivo que con un par de gambetas levantó aplausos, pero que no cubrirá ninguno de los déficits antes mencionados.

Como ocurre siempre, el fracaso de la dirigencia a la hora de contratar refuerzos lo terminan pagando quienes no lo merecen: en este caso, chicos que demostraron condiciones, como Diego Barisone, Nicolás Bruna, Juan Ignacio Cavallaro y Pablo Magnín, y otros que alternaron buenas y malas, como Alejandro Pérez, Mauro Maidana, Emanuel Moreno y Federico Chiapello, que deben salir a ponerle el pecho a una situación de la que no son responsables.

Más allá de planteos, intenciones y tácticas, ningún cuerpo técnico pudo ya no hacer jugar bien al equipo, sino siquiera plantarlo como un rival serio ante cualquier adversario. Los números hablan por sí solos: 22 partidos jugados, ninguna victoria, ocho empates y 14 derrotas, con 18 goles a favor y 39 en contra. Una campaña que se guardará en la memoria de cada hincha Rojiblanco como la mayor vergüenza por la que pasó Unión en sus 73 años en los torneos de AFA.

Lo llamativo es que el proceso que llevó a Unión de ser un equipo duro a un equipo al que le cuesta robarle un punto al rival que se le pare enfrente fue de apenas cuarenta días. ¿Puede uno equivocarse tanto en tan solo 960 horas? Esta Comisión Directiva que encabeza Luis Spahn demostró que sí. El descenso está casi consumado, lo que preocupa es el después. ¿Después de esto, qué?

* Publicada el 1º de marzo de 2013 en Revista Posta y Redacción Santa Fe.
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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