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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

21/3/17

Entre el arco y la patota



Su atajada más famosa, aquel penal contra Pelé, en realidad fue gol, el gol mil de O Rei. Aquella vez, al Gato Andrada le faltaron un par de dedos para alcanzar la pelota y evitar su viaje a la red. Los mismos que le sobraron años más tarde desde su oficio de "servicio" a favor de la Junta Militar, para marcar a gente inocente y señalarle destino de tumba. No deja de ser curioso haber sido un buen arquero y quedar tristemente en la historia por culpa de tus propios dedos.

Rodolfo Chisleanchi (Periodista. Trabaja en La Nación, Los Hijos del Tiempo (AM 750) y El País (España).


El 4 de marzo de 1982, por la Zona “D” del Nacional, Renato Cesarini dio la sorpresa: goleó 5 a 1 a Racing, con tantos de Omar Da Fonseca (3), Omar Celeste y Osvaldo Coullery. El único gol de la Academia lo marcó un ex Unión, Víctor Bottaniz, de penal. El partido se disputó en cancha de Rosario Central y, tras esa cuarta fecha, el equipo rosarino, dirigido por Jorge Solari, era puntero de su grupo junto a Racing de Córdoba. Una semana después debían jugarse los interzonales. En el 15 de Abril, Renato Cesarini cayó 3 a 0 con goles de Pablo de las Mercedes Cárdenas, José Luis Lanao y Carlos Mendoza. En esos dos partidos, como en todo el campeonato, Edgardo Norberto Andrada fue el arquero titular. De acuerdo a la documentación de la época, puede suponerse que ni el gran triunfo ante Racing ni la caída ante Unión afectaron demasiado el humor del “Gato”. Le preocupaban otras cosas. En esa semana, más precisamente el 1° de marzo, había jurado “lealtad y fidelidad a la patria y guardar el secreto más absoluto en el desempeño de sus funciones” para cumplir con su rol de espía de la dictadura militar, para el cual, según su propio legajo, “trabaja con dedicación exclusiva”.

Arquero y espía, al mismo tiempo

Aquel regreso a Santa Fe no pasó desapercibido para la prensa local. Andrada había tenido dos años excelentes en Colón, entre 1977 y 1979, en los que había defendido 122 veces el arco sabalero, atajando cinco penales. Tras el triunfo ante Altos Hornos Zapla de Jujuy, por la última fecha de la Zona “D” del Nacional de 1979, decidió dejar el fútbol. Atrás habían quedado sus años de gloria en Rosario Central, la selección nacional, Vasco Da Gama y el Vitoria. Su imagen había dado vuelta el mundo, tras recibir el supuesto “gol número 1000” de Pelé. En la retina de los hinchas de Central y Colón quedó grabado como uno de los mejores arqueros de la historia.

En 1982, con 43 años, decidió calzarse otra vez los guantes para atajar en Renato Cesarini. Fue así como volvió a pisar Santa Fe. En una entrevista con El Litoral, explicó que su decisión fue “para colaborar con unos amigos, como el Indio (Jorge) Solari, (Luis) Artime y (Ermindo) Onega”, tres de los fundadores del club. Contó que se alejó del profesionalismo porque lo cansaron “las concentraciones, los dirigentes, el exitismo”.

Su pasado como jugador, su condición de figura reconocida, fueron clave para su designación como Personal Civil de Inteligencia, es decir, espía de la dictadura. Así puede leerse en su legajo, donde se precisa que “su figura de ex arquero de Rosario Central concita adhesiones y confianza especialmente en los barrios de trabajadores lo cual facilita su penetración al objetivo impuesto”. El documento destaca además que “si bien su edad supera el límite establecido, su potencialidad de penetración y capacidades personales, hacen sumamente beneficiosa su integración a esta unidad”, haciendo referencia al Destacamento de Inteligencia 121.

Su puerta de ingreso al mundo de los servicios de inteligencia del Terrorismo de Estado la abrió Jorge Roberto Diab, quien fue Jefe de la 1ra Sección y luego segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 122, responsable de 46 homicidios, asociación ilícita y cuatro secuestros. Fue condenado por la justicia, se le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria y murió mientras se llevaba adelante el juicio por la supresión de identidad de Paula Cortassa. En el legajo de Andrada consta que Diab fue quien lo presentó, ya que “lo conoce desde 1975 por tener amistad”.

Su fecha de alta como agente es de noviembre de 1981, aunque en su paso por Santa Fe ya se había jactado de su cercanía con las fuerzas represivas. “En el ambiente del fútbol siempre se comentó que él era servicio. Lo que te puedo asegurar es que andaba armado, porque una vez vinieron unos hinchas al vestuario, se pusieron pesados, y él del bolso sacó una pistola, como si nada”, contó un ex compañero del “Gato” en Colón. Un periodista agregó que “chapeaba” con su poder: “Yo te voy a borrar”, le lanzó a un hombre cercano a la vida del Sabalero con quien tuvo una discusión, mientras lo intimidaba con un arma de fuego.

Sus dedos, que parecían alargarse para llegar a lugares imposibles bajo los tres palos, comenzaron a perfeccionarse para otro tipo de tareas. El manejo de explosivos, por ejemplo, en el que fue calificado con un 9,55. O cómo señalar militantes para que luego sean blancos de los grupos de tarea, como puede desprenderse de su 7,62 en Inteligencia y Contrainteligencia. También rindió Subversión y Contrasubversión (5), Técnicas de Apoyo (9,25), Acción Psicológica (9), Normas Legales (10) y Legislación del PCI (9,5). Fue el número 17 entre 40, en el orden de mérito.

Para su tarea, adoptó el nombre de Eduardo Néstor Antelo. Se encargaba de “comisiones y o trabajos especiales”. De su categoría, C3, se desprende que cumplía “tareas operativas subrepticias de inteligencia y contrainteligencia”. Era un agente de calle, aquel que debía infiltrarse en organizaciones sociales y políticas para recabar información. Sus superiores destacaban su “predisposición natural y/o adquirida para fuente de investigaciones y/o agente reunión ámbito político”. También se refieren a él como “dotado de entusiasmo para el desempeño de sus funciones específicas”, “con posibilidades para sobresalir” y que “puede llegar a ser un excelente PCI”. Para 1983, el año del secuestro de los militantes peronistas Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiaso, elogiaban su “variada red de informantes, su espíritu de colaboración y su contracción al trabajo”.

¿Quiénes se referían a él de esa manera? En las diferentes evaluaciones vertieron sus conceptos Pascual Oscar Guerrieri, Luis Américo Muñoz y Víctor Hugo Rodríguez. Guerrieri fue Jefe de la Central de Operaciones del Batallón 601 y Jefe del Destacamento de Inteligencia 121, de Rosario. Fue condenado a 20 años de prisión en 2007 en la causa conocida como “Batallón 601”, por los delitos de privación ilegítima de la libertad, apremios ilegales y reducción a la servidumbre, y a perpetua en 2016, por los asesinatos de Cambiaso y Pereyra Rossi. Muñoz también fue condenado a perpetua en esa causa, mientras que Rodríguez fue beneficiado, en el mismo juicio, por el festival de faltas de méritos que dictó el juez federal, Carlos Villafuerte Ruzo, entre las que se destacan, también, la de Andrada.

Así zafó el “Gato”

Tras la entrevista en Rosario 12 en la que Eduardo Costanzo, represor condenado por crímenes de lesa humanidad, afirmó que Andrada participó del secuestro de Cambiaso y Pereyra Rossi, el “Gato” intentó defenderse. Luego, tras la desclasificación de los documentos del Batallón 601, se confirmó su participación como espía del terrorismo de Estado. Una agrupación de derechos humanos lo escrachó en su casa. Su mujer salió a enfrentarlos y les dijo que su marido era un “asesino de asesinos”. Lo echaron de Rosario Central, donde trabajaba en inferiores.

En el marco de la causa, el 3 de noviembre de 2011 Gendarmería allanó su casa. Encontraron dos pistolas calibre 9 y 11,25 milímetros, tres fusiles winchester y una carabina USA. Andrada tenía la documentación en regla, pero la Cámara Federal de Rosario sostuvo que se trataba de “un peligro para testigos y víctimas”. La fiscalía consideró que el ex arquero poseía “un verdadero arsenal”, mientras que en el expediente puede leerse que “son legalmente consideradas de guerra, por lo que cabe descartar que puedan ser consideradas como de caza o de uso deportivo”.


Andrada se presentó a indagatoria, pero se negó a declarar. Luego, presentó un escrito. El juez Villafuerte Ruzo, con elementos similares al de otros imputados a los que procesó, le dictó la falta de mérito. Basó su decisión en que “Andrada era una persona sumamente renombrada y popular en todos los ámbitos de la ciudad de Rosario e incluso en el ambiente futbolístico de todo el país, resulta llamativo que ningún testigo lo haya reconocido”. Las hermanas de Cambiaso, Gladys y Ethel, están convencidas, por la información que lograron recabar, que Andrada fue uno de los que golpeó a su hermano la mañana del secuestro. La resolución de Villafuerte Ruzo fue apelada por el fiscal Adolfo Villate, pero fue confirmada por la Cámara Federal de Apelaciones.
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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