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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

21/3/17

Gándola, otro futbolista que trabajó para la dictadura





Amadeo Ramón Antonio Gándola pasó a jugar como zaguero a Unión de Santa Fe en 1956; o, lo que no es lo mismo pero puede caberle, durante los comienzos de la autodenominada Revolución Libertadora, que a fusilados y bombazos derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón. Como conocemos a Gándola a partir de este relato, podemos volver a afirmar que el fútbol -el deporte, en general- nos permite hablar del mundo, de la vida, de la política, de la sociedad, como máquina para la creación narrativa que es. Intuimos que Gándola “dejó de marcar rivales en la cancha para marcarlos en un ámbito mucho más tenebroso”, ya que él sabía lo que pasaba -y lo que hacía, sobre todo- en la última dictadura cívico militar en la Argentina. Gándola, entonces, es otro ejemplo de la complicidad civil con el terrorismo de Estado. Una pieza del gran engranaje, que comprendemos aún más cómo se movió con la lectura de este artículo.

Roberto Parrotino (Periodista de Tiempo Argentino y docente de Deportea).


En 1955 Unión cumplió una gran campaña en el torneo de Primera B. No pudo lograr el tan ansiado ascenso, que fue para el campeón, Argentinos. Sólo obtenía un lugar en Primera División el ganador del certamen y al equipo Rojiblanco no le alcanzó el subcampeonato. En los 34 partidos que disputó logró 19 triunfos, ocho empates y sufrió siete derrotas. Terminó cinco puntos debajo de los de La Paternal. En ese certamen se produjo, además, el regreso de uno de los máximos ídolos del club: Julio Enrique Ávila, que volvía de su obligado exilio en el fútbol colombiano. El atacante había recibido una sanción de cinco años en 1949, tras aquel escandaloso partido ante Quilmes. Triunfó en Once Caldas y Millonarios, donde jugó junto a Alfredo Di Stéfano.

Los dos zagueros de aquel equipo jugaron los 34 partidos de la temporada. Con asistencia perfecta, el funcionamiento que mostraron Norberto Di Santo y José Prestifilippo, con Néstor Nanzer custodiando el arco, se trasladó a las estadísticas: el Tate tuvo la valla menos vencida del torneo junto con, precisamente, Argentinos. Tras la finalización del certamen en Unión sólo quedó Nanzer: Di Santo se fue a Atlanta (donde logró el ascenso) y Prestifilippo cruzó de vereda y pasó a las filas de Colón. Fue momento, entonces, de buscar un zaguero.

El domingo 4 de marzo de 1956 Unión debía enfrentar a River en un amistoso, de cara al inicio del torneo de Primera “B” (hoy “B” Nacional). Dos días antes, los Millonarios se midieron ante un seleccionado de Paraná, en la capital entrerriana. Un dirigente vio ahí a Amadeo Ramón Antonio Gándola, que en la temporada anterior había jugado para Atlanta. Días después iniciaron negociaciones por él. El 13 de marzo cruzaron en balsa hacia la vecina ciudad (aún no se había inaugurado el Túnel Subfluvial) para negociar su pase con los directivos de Atlético Paraná. El 21 de marzo se presentó en un amistoso ante Rosario Central. Jugó dos temporadas en el club y luego emigró a Mendoza, donde se desempeñó en Godoy Cruz e integró uno de los mejores equipos de la historia de Independiente Rivadavia.

Hasta allí, su reseña deportiva. Pero tiempo después Gándola tuvo otro tipo de funciones. Dejó de marcar rivales en la cancha para marcarlos en un ámbito mucho más tenebroso. Durante la última dictadura militar fue uno de los PCI (Personal Civil de Inteligencia) que reportó a la Fuerza Aérea. Los documentos oficiales confirman que cumplió esa función entre el 1° de enero de 1976 y el 31 de diciembre de 1983. El rol de Gándola había pasado desapercibido pese a ser uno de los futbolistas paranaenses más destacados de su época. Hasta que el periodista Edgardo Imas, historiador de Atlanta, encontró su nombre en la lista de los espías de los militares, que fueron desclasificadas en 2010.

El nombre de Gándola, en la lista de PCI de la Fuerza Aérea.


“Yo dejé de verlo después de jugar juntos en Unión. No supe nunca más nada de él, por lo que no tengo conocimiento de esto. Es más, me enteré hace tiempo que se había suicidado, pero no supe los motivos ni nada”, contó Nanzer, el segundo arquero con más presencias de la historia de Unión, con 164 partidos. Sólo lo supera Nery Alberto Pumpido, con 174.

La situación de Gándola recuerda a la de otros ex futbolistas que también fueron agentes de inteligencia durante la represión ilegal. Uno de ellos también actuó en Santa Fe: Edgardo Andrada, el "Gato", que mientras atajaba en Colón era un "agente reunión" del Batallón 601. Según Eduardo Costanzo, condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, el arquero formó parte de la patota que secuestró a Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi, en 1983.

Otro es Juan de la Cruz Kairuz, que como futbolista jugó en Atlanta, Newell's y San Martín de Tucumán, y que durante la dictadura, mientras dirigía a Atlético Ledesma, integraba el grupo de tareas que secuestraba y desaparecía a militantes políticos. En una entrevista con El Gráfico, en 2001, reconoció que mientras estaba en Jujuy "el Jefe de Policía me ofreció el puesto, se puede decir que fui lo que se dice hoy un favorecido, un ñoqui". En esa misma nota admitió que vivía dentro del Ingenio Ledesma, acusado en múltiples causas de complicidad con la dictadura. Kairuz fue uno de los que ingresó a la casa de Luis Aredes, el día de su secuestro.

A diferencia de Andrada y Kairuz, el nombre de Gándola no aparece, hasta el momento, en ninguna causa de lesa humanidad en la ciudad de Paraná. De todas maneras ya no puede responder sobre la función que cumplió para la inteligencia de la Fuerza Aérea: se suicidó el 15 de agosto de 2006, a los 78 años de edad, arrojándose desde el sexto piso del edificio en el que vivía.

Es importante destacar cuál fue la importancia de la inteligencia durante los años de plomo: la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al confirmar las condenas del Juicio a las Juntas, sostuvo que “en fecha 24 de marzo de 1976, algunos de los procesados en su calidad de comandantes en Jefe de sus respectivas fuerzas ordenaron una manera de luchar contra la subversión terrorista”, que en primer lugar consistía en “capturar a los sospechosos de tener vínculos con la subversión, de acuerdo con los informes de inteligencia”.

Su paso por Santa Fe

Gándola se sumó a Unión en 1956. En esa temporada el equipo cumplió una temporada regular y terminó octavo entre 18 equipos, con 13 victorias, 9 empates y 12 derrotas. En 1957 el equipo levantó el nivel y realizó una gran campaña, pero no le alcanzó para el único ascenso que estaba en juego: terminó tercero, a 7 puntos de Central Córdoba, el campeón, y a 4 de Platense, el subcampeón. En ese torneo sumó 17 triunfos, 8 empates y 9 caídas.

Disputó además cuatro clásicos, con dos derrotas (ambas en 1956) y dos victorias (las dos en 1957). En el primero de ellos fue testigo de una de las situaciones más insólitas del fútbol local: la tarde en la que Pedro Gaetán, arquero de Unión, festejó el triunfo de Colón.


En esas dos temporadas compartió plantel con jugadores muy recordados en la historia Tatengue, como los defensores José Ayala y Miguel Ángel Mieres, el volante Néstor Isella y los delanteros Julio Ávila, Virgilio Acosta, Carlos Castillo y Luis Ciacia, entre otros.
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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