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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

3/4/17

La techada de Unión, “tierra de nadie”



Uno nunca tiene real idea cuánto tiempo dura el infierno. No sé si fueron diez, quince, veinte minutos o media hora. Pero lo que pasó esa noche en la cancha de Unión no le me voy a olvidar por el resto de los días. Porque cuando llegó el final, todo el estadio fue un volcán que explotó y quemó a todos. Me tocó comentar ese partido para El Litoral y para LT 9. Estábamos en la cabina de "La Líder" con Ricardo Porta y recuerdo que el operador era Daniel Zerbonia. Los violentos ganaron la zona de la Techada con una facilidad asombrosa: cuando abren la cabina de LT 9, en la primera línea estaban relator (Porta) y locutor comercial (en ese tiempo, la “carpeta” se vendía desde la misma cancha y creo que la voz fue de Osvaldo Villarejo), del lado del vidrio que da al campo de juego, alcanzo a gritarle a Ricardo que se tire para atrás y es por eso que la trompada cobarde no lo impacta de lleno en su rostro.

En la cabina de al lado, donde estaban el “Loco” Saavedra y el “Flaco” Bergesio la pasaron peor, porque con una barra de hierro rompieron el vidrio. Como si lanzaran la jabalina. Al que hubiera agarrado esa arma improvisada, no la contaba. Nunca vi nada igual en 26 años de profesión en una cancha de fútbol. Ese día, si los barras no mataron a alguien fue porque no les interesó, se les olvidó o Dios se vistió de periodista. De esa jornada recuerdo una lluvia tremenda en la noche del sábado en Santa Fe. A la madrugada, jugaba Argentina el repechaje con Australia en Sidney. El plan original era dormir un rato entre el final de Unión-Colón y el arranque de la Selección. No hace falta decir que no pude pegar un ojo.

(Darío Pignatta. Periodista. Trabaja en el diario El Litoral y en La Red Santa Fe)

Por Nicolás Lovaisa

El 30 de octubre de 1993, por la fecha 12 del torneo del Nacional “B”, Unión y Colón se enfrentaron en el 15 de Abril. El local estaba realizando una buena campaña. Sólo había perdido en la primera fecha, por lo que llevaba diez partidos invicto, con cuatro triunfos y seis empates. El Sabalero intentaba acercarse desde atrás. Hasta ese momento del certamen había cosechado cuatro victorias, tres empates y cuatro caídas. Un minuto antes del entretiempo, Osvaldo Ingrao remató desde muy lejos. La pelota se desvió en Claudio Mainardi y descolocó a Jorge Vivaldo: 1 a 0 para Unión. Camino a los vestuarios hubo una pelea entre los dos planteles. El árbitro, Juan Carlos Loustau, expulsó uno de cada lado: Víctor Hugo Andrada y Vivaldo.

A nueve minutos del final, Adrián Marini tomó la pelota en tres cuartos de cancha y avanzó hacia el arco rival. Rubén Garate lo bajó cuando pisó el área. Penal y  empate, tras una buena ejecución de Alfredo Juárez. En el cuarto minuto de descuento, Luis Guzmán ejecutó un córner desde la izquierda. Nadie la tocó en el primer palo y la pelota cayó en el área chica, donde Marini sólo tuvo que empujarla para dar vuelta el marcador. Tras el pitazo final de Loustau, un grupo de la barrabrava de Unión pasó desde la tribuna hacia la zona de plateas y cabinas de prensa, donde se vivieron algunas de las escenas más violentas de la historia del clásico santafesino.

Agresiones, destrozos y robos

Los diarios de la época y los partes policiales permiten reconstruir aquellos hechos, en un momento en el que “La Barra de la Bomba” se manejaba con absoluta libertad dentro de Unión. Un par de meses atrás, algunos de sus referentes habían sido detenidos por agredir al plantel, antes de enfrentar a Banfield. Las crónicas periodísticas cuestionaron con dureza el operativo de seguridad. La barrabrava rojiblanca había logrado ingresar una bandera “de no menos de 20 metros de largo con los colores de Colón, la que fue quemada antes de comenzar el encuentro”, según publicó El Litoral. El vespertino también precisa que, tras el gol de Marini, ningún policía impidió que “un grupo de personas se trasladara desde La Barra de las Bombas al sector de plateas, desde donde iniciaron los disturbios”.

Un barra abrió la puerta de la cabina de LT9 Radio Estanislao Brigadier López y le pegó una trompada al relator Ricardo Porta. Otros destrozaron los equipos técnicos de Cablevideo Santa Fe y Canal 9 Libertad, que transmitió en vivo el clásico para todo el país. También agredieron a un camarógrafo y le abrieron la cabeza de un piedrazo al fotógrafo Eduardo Soloa, de El Litoral. “Nos rompieron una cámara, nos tiraron un trípode al agua y nos cascotearon el camión desde donde hicimos la transmisión”, precisó un trabajador de Cablevideo en una entrevista. La advertencia a los periodistas de televisión fue clara: “Los vamos a matar si pasan algo de los líos”.

Eduardo Soloa, fotógrafo de El Litoral.

La escena más violenta tuvo como destinatarios a los periodistas de LT10 Radio Universidad Nacional del Litoral. Un individuo tomó un enorme fierro y lo arrojó, como una lanza: rompió el vidrio, atravesó la cabina y pegó contra la puerta. Walter Saavedra, el relator, y Oscar Bergesio, el comentarista, vieron cómo el “arma” pasaba entre ellos. Bergesio sufrió una herida cortante, producto del estallido del vidrio. Mientras se agredía a los periodistas, otros arrancaban plateas de la techada y las arrojaban al campo de juego. Las cámaras tomaron esos hechos, donde puede verse a varios de los agresores con la cara tapada, pero otros actuando al descubierto.

El saldo del clásico fueron 30 heridos que debieron ser atendidos en el Hospital Cullen, otros 15 en el Iturraspe y un nene de 9 años que recibió atención médica en el Hospital de Niños por los gases lacrimógenos. Además, “el SAME debió atender a cuatro policías heridos”, consigna El Litoral.

Apenas unas horas después, tres personas ingresaron al club durante la madrugada y saquearon dos cajas fuertes, llevándose una suma cercana a los 27.000 pesos que, en tiempos de la convertibilidad menemista, equivalían a 27.000 dólares. Según explicó la policía, “tres o más desconocidos se presentaron y redujeron al sereno con armas de fuego”. Después, durante tres horas, “con sierras de mano cortaron los goznes de las bisagras e hicieron otras perforaciones en las cajas de seguridad”. Tres jueces tomaron intervención en los hechos. En primer lugar, Héctor Enrique Valli, por infracción a la Ley del Deporte, quien dispuso 22 detenciones en las horas siguientes, aunque ninguno de ellos pertenecía al sector que lideraba la barrabrava. Los otros dos fueron César Rondina, por el robo al club, y Carlos Taboada, por los agresiones a los periodistas.

Los vecinos del estadio denunciaron ante los medios que los barras habían estado arrojando bombas de estruendo todas las noches, desde el miércoles previo al clásico del día sábado. Con temor, declaraban ante los medios locales que “la barrabrava se la pasó tirando bombas y tomando cerveza y vino todas las noches, no pudimos dormir desde el miércoles, una locura que sólo podemos contar los que vivimos en la zona”. Otro apuntó que “están todos los días en el club y andan por el barrio, amenazando al que se le cruza y a los negocios”.

Exactamente un año atrás, la prensa había vivido una situación similar en el estadio rojiblanco. Unión le ganaba 1 a 0 a Ituzaingó con gol de Hernán Bernasconi, pero Juan José Oficialdegui y Jorge Ramírez lo dieron vuelta para la visita. Ese día, la barra robó y destrozó equipos de transmisión de las radios que estaban emitiendo el partido. Lo ocurrido en el clásico fue la gota que rebalsó el vaso y llevaría a una ruptura institucional entre Unión y la prensa santafesina.

La CD de Unión, “personas no gratas”

En los días posteriores Unión emitió un comunicado de prensa manifestando “solidaridad con cada uno de los periodistas que fueron cobardemente agredidos mientras cumplían funciones en la cobertura del partido”, con la firma del presidente, Néstor Julio Rodríguez, y del Secretario General, José María Gerosa. Desde Colón, José Vignatti hizo lo mismo y expresó, también a través de un comunicado, “solidaridad con periodistas, camarógrafos y fotógrafos, repudiando la actitud de grupos de inadaptados que con tales desmanes comprometen a la conducción de su divisa".

Tras una seria de reuniones con periodistas de distintos medios, la Asociación de Prensa de Santa Fe decidió “no cubrir periodísticamente los partidos de fútbol en los que Unión juegue de local por no contar con las garantías necesarias”. Además, declaró “personas no gratas” a los integrantes de la Comisión Directiva de Unión “por incumplimiento de las promesas efectuadas”. Cuando la determinación se hizo pública, varios periodistas recibieron amenazas telefónicas.

Unión respondió a través de una solicitada en El Litoral: “Entendemos que la aludida decisión nos causa un daño moral del que ya dejamos pública constancia, y expresa agudamente una falta de imparcialidad por parte de algunos periodistas deportivos que no es novedosa y que ha afectado y afecta a nuestra institución”. Además, agregaba que “los lamentables hechos ocurridos en nuestro estadio se debieron a defectos en la vigilancia del partido disputado en esa fecha y no a comportamiento u omisión de nuestra parte, ya que contratamos oportunamente más de tres veces el número que la policía consideró necesaria y suficiente, lo que contesta la nefasta y no probada acusación de falta de interés que hace la Asociación”.

Los medios santafesinos dejaron de cubrir los partidos de local, pero no los de visitante. Los futbolistas rojiblancos no hablaban con ellos tras los encuentros “por orden de la CD”. En la cancha se escuchaba un nuevo cántico: “Aunque la prensa no quiera, la vuelta vamos a dar, y a todos los periodistas se lo vamo’ a dedicar”. La dirigencia Tatengue acentuó el enfrentamiento al dejar sin efecto todas las credenciales. Hubo reuniones fallidas previas a los encuentros ante Almirante Brown y Arsenal, pero no se llegó a un acuerdo, ya que Unión exigía que la APSF retire la declaración de “personas no gratas” a los dirigentes.

Esto último ocurrió recién el 15 de diciembre de 1993, tal como lo refleja Cintia Mignone en su libro “Del apostolado al sindicalismo: una historia de los gremios de prensa de Santa Fe”.  Ese día, con la firma de Rubén Godoy y Osvaldo Medina por la Asociación de Prensa de Santa Fe, y de Néstor Rodríguez y Marcelo Casabianca por el lado de Unión, se firmó un acta acuerdo entre las partes en la que el sindicato dejaba sin efecto la declaración de personas no gratas a la dirigencia, “como demostración de su vocación por la libre expresión y el derecho a la información”.

Un antecedente, 70 años atrás

En 1922 los medios dejaron de cubrir los partidos locales, aunque por otros motivos. Ese año, una serie de desacuerdos entre los clubes que animaban los torneos liguistas en Santa Fe derivaron en una ruptura que mantuvo a la ciudad dividida en dos: en la Liga Santafesina de Football quedaron Colón, Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, Brown, Nacional, 9 de Julio, Instituto Tráfico Central Norte Argentino y Neri. Por su parte, Unión, Saravia, Ferrocarril Santa Fe, Los Andes, Sportivo Sol de Mayo, Zanni y Sportivo Roma, entre otros, fundaron la Liga Amateur Santafesina.

Los cuatro diarios locales, Santa Fe, Nueva Época, El Litoral y El Imparcial, desde sus columnas, criticaban duramente esa actitud. “Los dirigentes de los clubes son los grandes responsables de la decadencia del fútbol santafesino”, advertían desde sus páginas. A comienzos de 1925, el fundador de El Litoral, Salvador Caputto, se ofreció como mediador entre las Ligas, para lograr la fusión. Pero las diferencias entre los clubes seguían siendo profundas, particularmente en cuanto a mantener el espíritu amateur o dar paso a la profesionalización del deporte. De hecho, un dirigente de Ferrocarril Santa Fe opinaba que “es prestarse a un vergonzoso comercio pagar la actividad del footballer hasta el extremo de que éste no tenga que pensar en un trabajo honrado”.

El 18 de abril, en la reunión del Consejo Directivo de la Liga Santafesina de Football comenzaría a tratarse la posibilidad de la fusión con la Liga Amateur. Los cronistas deportivos fueron a cubrir la noticia, pero un delegado del club Independiente los recibió con insultos. Según El Diario, de Paraná, que se hizo eco de las agresiones, “el delegado se expresó en términos de grueso calibre y los graves insultos de este miembro hallaron buena acogida en el Secretario de la Liga”.

Desde la Asociación de la Prensa se solicitó un pedido de disculpas y la expulsión del delegado de Independiente, pero la Liga no tomó ninguna medida. La bronca fue creciendo y según publicó la periodista Cintia Mignone en su blog, Historias Colaterales, el 12 de mayo Salvador Espinosa, Antonio Juliá Tolrá, Pedro Víttori y Carlos Doce, representantes respectivamente de los diarios Santa Fe, Nueva Época, El Litoral y El Imparcial, se reunieron y emitieron una declaración en la que señalaban “que las entidades deportivas están obligadas a dar pruebas de cultura en sus relaciones generales”. También “que se hace necesario garantizar en el desempeño de su misión al periodista, sea grande o pequeña su jerarquía, que la prensa da siempre mucho más de lo que recibe y que buena prueba de ello es el incremento del Foot Ball local, al cual han contribuido, con absoluto desinterés, los diarios locales”.

Además, los diarios se comprometieron “a negar en sus columnas toda clase de informaciones o propagandas que se refieran a las actividades deportivas de la Liga Santafesina de Football”. El comunicado de los dueños de los medios de prensa se publicó también en los días posteriores, como para dejar en claro que el conflicto estaba en pie y no habría marcha atrás sin un gesto de los dirigentes liguistas.


“Deseamos terminar de una vez por todas con esta situación molesta. Declaramos que no ha habido agravios para con los diarios. Los diarios citados le merecen el mejor concepto y que nada tiene que hacer con las opiniones personales de los delegados”, comunicó la Liga el 15 de mayo. Los empresarios periodísticos rechazaron las explicaciones por “insuficientes” y dejaron en claro que querían “una retractación pública, con constancia en las actas”. La Liga no soportó el vacío mediático y tan solo 24 horas después expresó lo siguiente: “Las declaraciones del delegado que motivó esta incidencia fueron retiradas por el mismo delegado, no existiendo constancia de ellas en el acta. La Liga reitera sus declaraciones anteriores, en las que daba cumplida satisfacción a los diarios que fueran agraviados por dicho delegado”. “Con esta misiva se ha solucionado el conflicto”, respondieron los medios, que levantaron el cerco informativo sobre la Liga.
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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