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Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

3/4/17

La Virgen que destrozaron por “mufa”



Si no fuera real, yo diría que este es un cuento de Roberto “El Negro” Fontanarrosa. Y de los más delirantes. La Virgen que “pierde el invicto” en el clásico contra Unión. El curandero hachador. El escultor que debe reconstruir pero ya casi no ve. Y el plantel culpable que, tras el destrozo, pide la restauración para que “seamos beneficiarios de la luz que emana de la Madre de Dios”. En el medio, el cura que avisa que la Virgen no es un amuleto, la joda de la hinchada rival, el juez que investiga, el presidente cómplice y, como primer actor de reparto, Ariel Garcé. Lo mejor, sin embargo, es el dirigente que se opone al retiro de la Virgen, pero no por cuestiones religiosas o por cábala. Sino porque “si retiramos a la Virgen –dice el hombre- estaríamos magnificando el triunfo de Unión”. Fútbol argento en estado puro. No es un cuento de Fontanarrosa. Si hasta es un expediente judicial. Nicolás Lovaisa lo convierte en periodismo.

Ezequiel Fernández Moores (Autor de los libros “Díganme Ringo” y “Breve historia del deporte argentino”; corresponsal de la Agencia ANSA y columnista de La Nación)


Por Nicolás Lovaisa

Manos en los bolsillos. Pantalón marrón, campera violeta y lentes oscuros. Ariel Garcé camina de un lado a otro en la zona de palcos, en la terraza de la platea oeste del Brigadier López. Colón pierde 2 a 0 ante un Unión que afronta su cuarto partido del torneo tras el ascenso. El “Chino”, que viene de integrar el plantel que disputó el Mundial de Sudáfrica 2010, es uno de los referentes del plantel sabalero. No puede jugar el partido por una molestia física. Es el entretiempo del clásico y, en su andar, mira varias veces hacia arriba. Sus ojos se clavan en la Virgen de Guadalupe, que donó en 2001 el entrenador uruguayo Jorge Fossati. El estatuto del club es claro: “Absoluta prescindencia de toda actividad de tipo político, racial o religioso, la que queda expresamente prohibida dentro de sus instalaciones”. Sin embargo, la Virgen lleva diez años ahí. Después de mucho tiempo, Unión gana en el Centenario. No lo hacía desde la primera final del Reducido de 1989. Garcé se lleva su mano izquierda a la cabeza. La mira y piensa. Diez días después, la Virgen desaparece. En poco más de una hora, a martillazos, se convierte en escombros.



El clásico, ocho años después

Tras el descenso de Unión, en 2003, el derby santafesino vivió su etapa más larga sin enfrentamientos dentro de la AFA. Recién volvieron a verse las caras el 28 de agosto de 2011. Colón, el dueño de casa, llegaba como favorito. Durante la década del 90’ el Sabalero había logrado empatar y dar vuelta, por primera vez en 43 años, el historial a su favor. Además, en ese inicio del Apertura 2011 había sumado dos triunfos y un empate, mientras que Unión había conseguido apenas dos empates y una derrota. Sin embargo, el clásico fue, desde el principio, para el Rojiblanco. Un golazo de Paulo Rosales y una contra que terminó en los pies de Fausto Montero le dieron el triunfo en tierras enemigas tras 22 años.

Tres días después hubo una reunión convocada de urgencia por la Comisión Directiva rojinegra. No la presidió Germán Lerche sino el vicepresidente Rubén Moncagatta. El encuentro se desarrolló en el restaurante de la institución. Algunos directivos planteaban quitar la Virgen de Guadalupe, entronizada una década atrás encima del sector oeste. “Es mufa”, argumentaban. El Secretario General, Marcelo Maglianesi, transmitía el pedido de parte de algunos de los jugadores: no querían más la Virgen en el Brigadier López. El planteo no sólo era insólito desde lo racional sino también desde los números: desde aquella donación de Fossati, el equipo había logrado 78 triunfos, 62 empates y 47 derrotas. Un 52,76 por ciento de eficacia. Además, se habían disputado tres clásicos: 0 a 0 en 2001, triunfo 1 a 0 en 2002 y derrota en 2011. “No es momento de retirar la Virgen, porque estaríamos magnificando el triunfo de Unión”, sostuvo Pedro Eusebio, Secretario de Actas e Información Pública, según declaró en sede judicial el ex directivo José Luis De Santis. Se decidió, por unanimidad, no retirar la Virgen.

El 7 de septiembre por la tarde el teléfono sonó en la oficina de Ricardo Lavini, histórico gerente de Colón. “En la puerta del estadio está Ariel Garcé con otras personas y una grúa, para retirar la Virgen”, le comunicó el guardia de seguridad. Lavini se contactó con Lerche. “Dejalos pasar”, le contestó el presidente sabalero. Garcé estaba acompañado por su hermano. La grúa, de la empresa Coemy, era manejada por el operario Orlando Borgetto. Se quitó la Virgen con sumo cuidado y se la colocó en una camioneta blanca. Al otro día, el tema estalló en los medios locales.

Nadie sabía qué había pasado. Colón emitió un comunicado oficial en el que confirmaba el retiro de la Virgen aunque aclaraba que no era “permanente” y que en unos días sería “restaurada y bendecida”. Los costos del trabajo correrían “por cuenta del plantel profesional”. Los rumores sobre la destrucción de la Virgen ganaron la calle. Los principales dirigentes salieron al cruce. “Hay que tener más cuidado, se ha manoseado muchísimo el tema, estamos manoseando la imagen de una Virgen”, se quejó Lerche. Garcé también enfrentó los medios: “Fue una decisión del plantel, la idea era sacarla, restaurarla. Le propusimos al presidente hacer una capillita, para estar más tiempo con ella, o reubicarla. Si hubiéramos especulado la sacábamos antes del clásico, que es el partido del año”, sostuvo.

“La Virgen no fue colocada ahí para que nos vaya bien, como amuleto”, sostuvo el sacerdote Axel Arguinchona, reconocido hincha rojinegro. “Se han cruzado muchos comentarios, el club me dijo que está siendo restaurada y va a regresar al mismo lugar en el que se encontraba, porque una imagen religiosa no es un amuleto ni una cábala sino que convoca la presencia de Dios”, agregó.

En la ciudad nadie podía acallar los rumores sobre la presunta destrucción de la Virgen. El Arzobispo José María Arancedo emitió un comunicado en el que advertía que “no ha sido posible encontrarla ni conocer el lugar donde se la estaría restaurando” y que “los comentarios y noticias que han sido recogidos por diversos medios de prensa locales y nacionales hacen referencia a que la venerada imagen estaría destruida”.

El plantel de Colón, entonces, respondió con un nuevo comunicado: “Asumimos como propio el error de haber removido de forma temporal dicha imagen para su restauración y reubicación sin el debido consenso y asesoramiento de una autoridad eclesiástica, principalmente hacer llegar nuestro especial pedido de disculpas públicas al Padre Axel Arguinchona, quien debió ser el receptor original de esta consulta. Estamos juntamente con las autoridades de la Iglesia y los profesionales especialistas trabajando para que prontamente vuelva a lucir en su lugar y seamos beneficiados de la luz que emana de la madre de Dios”. El texto publicado por el plantel está fechado el 21 de septiembre. A esa altura los jugadores y los dirigentes ya sabían que la Virgen había sido destruida a martillazos 13 días antes.

“La hicieron pedazos, mami”

El hecho derivó en una causa judicial por “robo y daño agravado”. Tuvieron que intervenir el fiscal Rubén Díaz y el juez Darío Sánchez. En el expediente hay un detallado seguimiento del hecho y las declaraciones testimoniales permiten saber qué fue exactamente lo que pasó.

En los días posteriores a aquella derrota en el clásico, la firma Coemy recibió un llamado: solicitaban una grúa para retirar la Virgen del estadio. Se hizo la factura correspondiente y el encargado de abonarla, según declaró el empleado de la firma en sede judicial, fue Ariel Garcé. “Pagó 2.000 pesos en efectivo, tal cual lo pactado”, precisó.

El 8 de septiembre, cerca del mediodía, una camioneta con la Imagen de la Virgen y dos autos más llegaron al barrio Paprosky, en la localidad de Monte Vera. Estacionaron delante de la vivienda de Miguel Ángel Muga, un presunto curandero, no vidente, que declaró en la causa y sostuvo que “desde que en 1995 conocí a Dios, mi vida cambió para siempre”.

Una vecina esperaba, en una esquina, la llegada del colectivo en el que su sobrina volvía de la escuela. “Lo reconocí a Garcé, que bajó de uno de los vehículos. Ataron a la Virgen con una soga. Pensé que la iban a bajar con cuidado, pero la camioneta arrancó y la Virgen cayó. Cuando cayó, Muga y otro hombre empezaron a pegarle martillazos”, relató ante la justicia. El suboficial Rogelio Catán recibió un llamado para dirigirse a ese lugar y constatar qué estaba pasando: “Una señora nos dice que unos masculinos estaban destrozando una imagen o estatua de una Virgen, de unos dos metros de alto. Fuimos para allá y estaba el señor Miguel Ángel Muga junto con otro masculino. Cuando ingresamos a la casa vimos restos de cemento con alambre de color claro, grisáceo. El otro señor tenía en sus manos un martillo y un corta hierro”, declaró.

Un informe del canal Veo contiene entrevistas a vecinos de Monte Vera. Una mujer señaló que su hija “sintió los golpes que le daban y vieron los pedazos de la Virgen en el piso”. “¿Vos sabés mami qué hicieron con la Virgen? La hicieron pedazos y la dejaron ahí”, le dijo la nena. Otra vecina sostuvo que al otro día “volvieron a juntar los pedacitos algunos jugadores de Colón”.

La presión social aumentaba y los jugadores, junto con los dirigentes, decidieron tapar el hecho. La intención era dejar pasar los días para que los reclamos y las notas periodísticas fueran desapareciendo de la agenda santafesina. Pero ocurrió lo contrario: las quejas de socios, devotos de la Virgen y autoridades eclesiásticas fueron en aumento. Del otro lado, burlas: los hinchas de Unión incluyeron aquel episodio en una canción. Acorralados, idearon una solución: como la Virgen estaba destruida había que hacer una nueva y, sin que nadie se percatara, reemplazarla. Convocaron al escultor Saúl Miller, el mismo que había realizado la imagen en 2001, para que se hiciera cargo de la tarea.

Miller también declaró en la causa. Tenía serios problemas de salud y su visión ya no era la mejor. En sede judicial contó que lo fueron a buscar “para que haga una Virgen en apenas unos días”. “No pregunté quién era, no quise saberlo. Me encerré durante días para hacer el trabajo, pese a mis problemas de salud. Esta persona me comentó algo así como que la Virgen había desaparecido”, detalló. Estuvo días encerrado en un taller. En un momento su salud flaqueó y tuvo que pedir que un dirigente de Colón –a quien no identificó- lo llevara a un hospital. Finalmente, el 15 de octubre de 2011 El Litoral publicó una nota en la que decía: “La Virgen está lista paravolver a su lugar”.

La mentira duró pocas horas. Las diferencias entre las dos estatuas eran evidentes. El mismo plantel de Colón que había declarado, días atrás, que la imagen había sido restaurada, tuvo que emitir un nuevo comunicado en el que admitieron que la Virgen “durante el traslado, como se hallaba muy deteriorada, se rompió, y eso nos angustió profundamente”. Ni siquiera ahí, en esa instancia, el plantel tuvo el gesto de contar lo que en realidad había ocurrido.

Un par de meses después, los abogados de Germán Lerche, Marcelo Maglianesi y Ariel Garcé le solicitaron al juez Sánchez la posibilidad de suspender el juicio a cambio de una acción social “que repare el daño causado y que beneficie a todos los santafesinos”. Una alternativa para aquellos casos en los que las penas sean menores a tres años y los imputados no tengan antecedentes. El juez aceptó la propuesta y los tres involucrados evitaron el juicio por robo y daño agravado a cambio de la donación de un microscopio trinocular, de un costo aproximado de 19 mil dólares, para la Fundación Mateo Esquivo.


En unos de sus cuentos Roberto “El negro” Fontanarrosa imaginó al “Pájaro”, un hincha que en tierras brasileñas le rompió el dedo a una imagen de la Virgen a manera de advertencia, pidiéndole por un triunfo de Central. En Santa Fe, la realidad superó ampliamente a la ficción: diez días después de perder un clásico, a plena luz del día, martillo y cortafierro en mano, destrozaron una Virgen por “mufa”.
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Nicolás Lovaisa

Autor del libro "Tiempo recuperado", sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Hago radio en La Red y Nacional Santa Fe. Escribo para Infojus Noticias.

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