Por primera vez en mucho tiempo Colón se refuerza de
manera austera, incluso en la elección del entrenador. Inhibiciones y reclamos
públicos de jugadores por deudas dejan en claro que la gestión de Germán Lerche
atraviesa serias dificultades económicas.
La frase pasó
casi desapercibida. Días después de la derrota en el clásico, el vicepresidente
primero de Colón, Rubén Moncagatta, fue el primer dirigente Sabalero que habló
con la prensa. Más allá de sus apreciaciones sobre el encuentro, un periodista
le preguntó cuál era la situación económica del club. Hasta ese momento, las
respuestas habían sido de manual: “Colón es un ejemplo para el fútbol
argentino” o “Colón es un club modelo” solía ser la réplica dirigencial. Sin
embargo, ese día el discurso cambió. “La realidad de Colón es como la del resto
de los clubes argentinos”, respondió Moncagatta. Después, la conferencia de
prensa siguió otro camino y ya no hubo posibilidad de profundizar en ese tema
en particular.
Aquella
declaración no es menor: salió de boca de uno de los dirigentes más importantes
del club y, además, del que más dialoga con el periodismo local, ya que Germán
Lerche, desde hace mucho tiempo, brinda entrevistas casi siempre a medios de
Buenos Aires.
Que la situación
económica del club dista mucho de ser la mejor es algo que se sabe desde hace
tiempo, más allá de que ningún directivo lo admita públicamente. Pero los
hechos son claros: hace poco más de un año se conoció que a Colón le habían
rebotado cheques por más de un millón de pesos. En agosto de 2012 la
institución le retuvo el porcentaje correspondiente al impuesto a las ganancias
a los jugadores, pero no lo tributó ante la AFIP, por lo que Lerche, en su
condición de máximo responsable de la entidad, fue citado a declaración
indagatoria por el juez federal Francisco Miño, quien investiga el presunto
delito de “evasión dolosa tributaria”. Los tribunales santafesinos lo esperan
para la primera semana de agosto.
Tras la
finalización del Final 2013 a Colón no le cerraron los números para lograr la
continuidad de Emmanuel Gigliotti, que en su paso por Santa Fe metió 23 goles
en 42 partidos, un promedio de un grito
cada 138 minutos. Tampoco para seducir a un jugador que rindió y con quien se
debía renovar el vínculo: Hernán Bernardello. Pablo Morant había asumido al
cargo de entrenador porque el club no pudo atraer económicamente a técnicos de
mayor trayectoria: tras su alejamiento se intentó contratar a Américo Gallego,
Jorge Fossati y Omar De Felippe. Todos quedaron lejos de las posibilidades del
Rojinegro. Finalmente llegó Rubén Forestello, un técnico que demostró su
capacidad en varios clubes pero que lejos estaba de ser la primera opción.
A la hora de
armar el plantel y, a diferencia de otros años, el club tuvo un perfil bajo:
los ocho jugadores que se sumaron como refuerzos llegaron con el pase en su
poder. Lucas Landa, Jacobo Mansilla y Oscar Carniello se incorporan tras una
temporada en la que jugaron mucho en San Martín (SJ), Quilmes y Atlético de
Rafaela, respectivamente. Marcelo Montoya, tras varios años en Vélez, intentará
cubrir la baja de Diego Pozo. Luciano Leguizamón y Darío Gandín vienen con una
importante inactividad. Mariano Bíttolo buscará la continuidad que en sus
cuatro años como profesional no tuvo en el Fortín, mientras que Matías Sosa
jugará por primera vez en el fútbol argentino, tras disputar sus únicos 25
partidos en Uruguay. La cifra de refuerzos “made in Lerche” ya trepó a 87 en
siete años, un promedio de 12 por temporada. La de técnicos, con el arribo del
Yagui Forestello, a nueve: más de uno por año.
Los jugadores
que se fueron lo hicieron reclamando deudas: Ricardo Gómez y Hernán Bernardello
inhibieron a la institución a través de un reclamo en Futbolistas Argentinos
Agremiados. “Había una deuda general de tres meses con el plantel”, dijo Gómez.
Tomás Costa, que volvió, rescindió y se fue a la Universidad Católica se
lamentó por su nivel y aseguró que “siempre trabajé, pese a algunas cuestiones
de pagos…”. Por su parte, Gigliotti fue más allá y sostuvo que el club mantiene
con él una deuda de seis meses, es decir, la mitad de su contrato con Colón. La
respuesta desde el barrio Centenario fue tajante: “No se le debe a nadie”,
aunque parece difícil de creer.
No son las
únicas contradicciones que surgieron entre el mensaje que baja desde la
comisión directiva y la realidad. Hace un tiempo Lerche se había jactado del
“esfuerzo” de Colón para comprar parte del pase de Prediger. Tiempo después se
supo que ese dinero lo puso un empresario y aún no se sabe si el volante, en
definitiva, pertenece o no al club.
La novela con
Gigliotti es aún más sorprendente: a través de un comunicado oficial se
confirmó qe "Colón se presentó ante la Justicia santafesina para que sea
ésta quién determine la propiedad de los derechos económicos y federativos del
jugador, quien estuvo a préstamo en Colón por un año con una opción de compra
del 50 por ciento del pase a favor de la institución". Sin embargo, en el
Registro de Jugadores de la AFA la operación por la que el delantero llegó a
Santa Fe figura “con cargo y sin opción”. Ni sobre Prediger ni sobre Gigliotti
hubo explicaciones.
Es cierto que,
con planteles integrados por jugadores de trayectoria y jerarquía, a Colón no
siempre le fue bien. Quizás esta vez, con refuerzos de un perfil más bajo la
historia sea otra. El club vivió la mejor época de su historia con refuerzos
que llegaron casi en silencio, como Rodolfo Aquino, Diego Castagno Suárez y el
propio Esteban Fuertes. Lo que no puede negarse es que esta decisión de
incorporar casi sin invertir, no obedece a un cambio de estilo de la
conducción, sino a la necesidad: las cuentas no cierran, y eso ya es
inocultable.
Más información sobre la gestión Lerche
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* Publicada el 1º de agosto de 2013 en Revista Posta.

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