Marta Zamaro y Nilsa Urquía fueron asesinadas en noviembre de 1974.
Como abogadas integraban la Comisión de Defensa de Presos Políticos. Zamaro trabajaba
también en Nuevo Diario. La Asociación de Prensa de Santa Fe se constituyó como
querellante. Un informe de inteligencia del año 1970 incluido en la causa advertía sobre los
curas Rosso y Catena por “enfocar las cuestiones sociales con criterio
peronista”. En esos mismos documentos aparecen 26 personas que luego fueron asesinadas por la dictadura militar.
Los crímenes cometidos por la
Alianza Anticomunista Argentina en Santa Fe están por primera vez en la mira de
la justicia. El fiscal federal Walter Rodríguez avanza en la investigación de
los asesinatos de Marta Zamaro y Nilsa Urquía, ocurridos en noviembre de 1974.
La causa se reabrió en 2011 por una presentación de sus familiares y de la
Asociación de Prensa de Santa Fe, que se constituyó como querellante, ya que
Zamaro se desempeñó como trabajadora gráfica en Nuevo Diario. Como abogada,
además, integró junto a Urquía la Comisión de Defensa de Presos Políticos.
En la investigación de la
fiscalía queda al descubierto de qué manera actuaban en el país los organismos
de inteligencia desde muchos años antes del golpe. En ese sentido es revelador
un informe de los servicios fechado el 8 de agosto de 1970, que apunta bajo una
“Planilla Sintética Nominal de Activistas de Santa Fe” a quienes militaban en
el peronismo, mientras que agrupa en un “Resumen nominal de activistas de la
ideología marxista” a quienes lo hacían en el comunismo. En la primera lista
hay 25 personas que luego fueron asesinadas por la dictadura, mientras que en
la segunda también aparece una víctima de la represión ilegal.
Según pudo saber Infojus
Noticias, el fiscal le solicitará al juez federal Reinaldo Rodríguez una serie
de medidas, entre ellas, algunas imputaciones. El magistrado viene siendo
duramente cuestionado por el Foro contra la Impunidad y por la Justicia
(integrado por sindicatos y organismos de derechos humanos) por “obstruir el
avance de las causas más graves”. En su
última publicación el Foro sostiene que “de las decisiones de ese juzgado” se
infiere que “todos los crímenes de lesa humanidad que aún no fueron juzgados
sólo pueden atribuirse a los pocos genocidas que ya han sido procesados o condenados
en causas anteriores”.
Condenadas por la Triple A
Marta Zamaro nació en Santa Fe el
3 de enero de 1945. Fue maestra, escribana y abogada. A fines de 1973 entró a
trabajar a Nuevo Diario, que atravesaba una etapa difícil: la patronal había
decidido un cambio de tecnología en la imprenta y eso derivaba en el despido de
trabajadores. Zamaro, que ya militaba en el Partido Revolucionario de los
Trabajadores (PRT), fue electa delegada y desde ese lugar defendió a sus
compañeros. Vivía en un departamento junto a su amiga Nilsa Urquía, también
abogada, con quien compartió no sólo la militancia en el PRT, sino su actuación
como integrantes de la Comisión de Defensa de Presos Políticos.
El 28 de septiembre de 1974 hizo
su “presentación” ante la sociedad el Comando Anticomunista del Litoral, con
una bomba de escaso poder en el domicilio de un militante de Montoneros. El CAL
se adjudicó el atentado y envió un comunicado a los medios asegurando que se
trataba de “una advertencia a las organizaciones”. Luego precisa que “serán
traidores a la patria no sólo los integrantes de las organizaciones subversivas
sino también todos aquellos que se manifiesten a favor, como así también los
abogados que los defiendan”, como Zamaro y Urquía.
Unos días después el director del
diario, Alfredo Sahd, citó a Zamaro y a María de los Ángeles Pagano, delegadas
sindicales. Les mostró un papel en donde bajo la frase “condenados a muerte por
la Alianza Anticomunista Argentina” estaban sus nombres y el de otros empleados
del matutino como Alcira Ríos (que años después estuvo detenida junto a Laura
Carlotto en “La Cacha”) y su esposo, Luis “Tatino” Córdoba. Lo llamativo es que
entre los “condenados” estaba Nilsa Urquía, la única integrante de la nómina
que no trabajaba en el diario.
El 14 de noviembre de 1974, en
horas de la madrugada, Zamaro y Urquía fueron secuestradas en su casa. En los
días posteriores Nuevo Diario publicó una serie de artículos en los que destaca
el testimonio de “testigos presenciales” que afirmaron que “durante el hecho se
sintieron gritos y pedidos de auxilio, sin que los asesinos dejaran por eso de
cumplir su objetivo y llevar a ambas por la fuerza”. Dos días después sus cuerpos aparecieron en
el Arroyo Cululú.
El médico policial que realizó la
autopsia escribió en su informe que sobre las víctimas se había ejercido “una
violencia extraordinaria”. Precisó que “una de las mujeres presentaba múltiples
lesiones” y concluyó que ambas fueron sumergidas cuando aún estaban vivas.
Varios trabajadores del diario se
fueron de la ciudad. Urquía no pudo hacerlo: ya había comprado un pasaje hacia
México, pero la mataron tres días antes de su exilio. Un atentado contra el
diario el 21 de noviembre de 1974 dejó en claro que la Triple A tampoco estaba
conforme con la cobertura que Nuevo Diario estaba realizando sobre el asesinato
de dos de sus trabajadoras.”
“Las condiciones en que
aparecieron los cuerpos, maniatados y amordazados, eran propias del modus
operandi de las tres A. A ello sumamos que todos los testigos coincidieron en la
intervención de ese grupo, que por otro lado había acercado a Nuevo Diario un
texto que expresaba la condena a muerte dictada contra Zamaro y Urquía”, afirmó
en diálogo con Infojus Noticias el fiscal Walter Rodríguez.
En cuanto a la decisión de la
Asociación de Prensa de Santa Fe de constituirse como querellante en la causa,
Cintia Mignone, Secretaria de Prensa y Derechos Humanos del gremio, sostuvo que
“la iniciativa surge al hacernos cargo del Sindicato, y comenzar a revisar su
historia”.
“Después de conversarlo en Comisión
Directiva hablamos con los familiares de la posibilidad de reabrir la causa y
decidimos someter a la consideración de nuestros afiliados la posibilidad de
que nuestro sindicato se constituyera como querellante. Lo sentimos como un acto
de justicia y reparación, y la asamblea así lo consideró también”, agregó la
periodista, que llevó adelante una exhaustiva investigación del caso.
La inteligencia y el “enfoque peronista”
Uno de los aspectos más
interesantes de la causa es un documento que muestra de qué manera los
organismos de inteligencia tenían marcados a quienes luego serían víctimas de
la dictadura. En Santa Fe se creó la Dirección General de Informaciones el 31
de octubre de 1966, en el marco de la autodenominada “Revolución Argentina”.
En un documento de Gendarmería
Nacional fechado el 8 de agosto de 1970 se informa sobre la “organización,
funcionamiento y características de célula peronista y comunista que operan en
la ciudad de Santa Fe”, en la que además solicitan que “se confronte un
identikit con un profesor de la Facultad de Ingeniería Química de la citada
ciudad”. Este último era Fred Mario Ernst, asesinado en julio de 1975 en Río
Ceballos. Su cuerpo presentaba signos de haber sido torturado.
Algunos de los hombres “peligrosos”
apuntados por el informe son religiosos: se trata del Padre Atilio Rosso (luego
fundador del Movimiento Los Sin Techo) y el Padre Osvaldo Catena, que
desarrolló un inmenso y recordado trabajo social en Villa del Parque. El
“problema” de Rosso era que (al igual que el sacerdote José Luis Lazzarini, “la
Madre Superiora de El Calvario” y “un sacerdote no identificado de La Salle”)
eran “incitadores de la actividad militante”. Por su parte, Catena era “un
predicador que enfoca la cuestión social con criterio peronista”.
Para la inteligencia, los
“activistas de la ideología comunista” son “mucho menos peligrosos” que los
peronistas, por lo que no amplía en la estructura de esas agrupaciones de
izquierda. En ese sentido sostiene que mientras los peronistas “son capaces de
cualquier cosa con tal de alcanzar el objetivo que se han fijado”, dentro del
PC “si bien algunos activistas participan de actos violentos, la mayoría de
ellos se inclina a la captación de adeptos mediante la vía intelectual”.
¿Por qué los jóvenes militaban en
el peronismo? Para los servicios eso se debía a que se encontraban en “una
etapa de semidesarrollo espiritual que se ve agravado por la dósis de fanatismo
e irracionalidad que los viejos activistas les han inculcado”.
Publicada el 27 de septiembre de 2014 en Infojus Noticias.




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