Hugo Alves jugó con la rojiblanca en la temporada 2003/04. Después, pasó por varios equipos. Con 26 años, sus números en el ascenso argentino eran aceptables: 44 goles en 181 partidos. Sin embargo, su carrera terminó de manera brusca: fue condenado en una causa narco. Esta es una de las historias de la segunda edición del libro "Tiempo recuperado: historias del fútbol de Santa Fe".
El Porvenir resiste los embates
de All Boys y se aferra al Nacional “B”. Es el partido de vuelta de la
Promoción y el equipo de Floresta, dirigido por Ricardo Caruso Lombardi,
necesita ganar para lograr el ascenso. Faltan dos minutos para que el equipo de
Gerli pueda festejar la permanencia. El árbitro, Rafael Furchi, detiene el
encuentro y llama al delantero del equipo local. Es brasileño, tiene 20 años y
está cerrando una buena campaña en su primera incursión en el fútbol argentino.
Hugo Leonardo Alves protesta, pero no hay caso. Furchi le muestra la roja por
un exceso verbal. Sigue los últimos segundos del partido desde afuera. El
pitazo final lo devuelve al campo de juego para celebrar, junto a sus
compañeros, esa gambeta al descenso. El Tribunal de Disciplina lo sanciona con
6 fechas. Igual recala en Unión. El equipo Rojiblanco cumple la peor campaña de
toda su historia y evita, con lo justo, caer por primera vez en la tercera
categoría. Sus 8 goles no alcanzan para que el club intente retenerlo. Se
transforma en un trotamundos: Sporting Cristal, Talleres de Remedios de
Escalada, San Telmo, Defensores de Belgrano y Almirante Brown forman parte de
su currículum. Deja el fútbol y vuelve a Brasil. Seis meses después, la policía
lo detiene y un juez lo condena a 9 años de prisión por tráfico de drogas.
Su carrera
Hugo Leonardo Alves nació en Belo
Horizonte, el 15 de enero de 1983. Hizo las inferiores en Cruzeiro, pero no
pudo pegar el salto al fútbol profesional. Un representante comenzó a ofrecerlo
en la Argentina. Se probó en River, Colón y Lanús, pero no conformó. Con 19
años se sumó a El Porvenir para disputar la temporada 2002/03 del Nacional “B”.
La campaña no fue buena. El equipo de Gerli tuvo que disputar la Promoción,
donde salvó la categoría con dos empates ante All Boys. Sin embargo, Alves
cumplió: con 9 goles terminó octavo en la tabla de artilleros, liderada por
Matías Gigli, de Godoy Cruz, y Héctor Silva, de Gimnasia de Concepción del
Uruguay, con 12. Quedó debajo de Rodrigo Palacio, que convirtió 10 para Huracán
de Tres Arroyos.
Su expulsión en la revancha ante
los de Floresta y la suspensión por seis fechas que le impuso el Tribunal de
Disciplina complicaron su intención de cambiar de aire, hasta que apareció en
el mercado Unión, que había descendido semanas atrás e intentaba armar un
equipo para volver rápido a Primera División. El club compró el 10% de su pase
y el presidente Tatengue, René Citroni, se ilusionó con una posible disminución
de la sanción. Sin embargo, tal como se preveía, Alves pudo debutar recién en
la fecha 7. Y fue figura. Marcó dos goles para derrotar 3 a 1 como local a
Huracán, en Santa Fe. Quince días después anotó, de cabeza, para superar 3 a 1
a Almagro.
Con la Rojiblanca jugó 26 partidos,
21 de ellos como titular. Oscar “Cachín” Blanco y el trío conformado por Miguel
Oyeras, Marcelo Yorno y Marcelo López confiaron en él casi siempre desde el
arranque. Respondió con ocho goles, tres de ellos de cabeza, con una
particularidad: todos los marcó en el 15 de Abril. Nunca pudo hacer un gol
fuera de Santa Fe. La campaña fue la peor en toda la historia de Unión. En la
última fecha enfrentaba a El Porvenir. Estaba obligado a ganar y esperar que
Los Andes perdiera ante Belgrano. Alves fue suplente. Ingresó en el segundo
tiempo en reemplazo de Sebastián García. A los 31 minutos Emanuel Torres lo
puso cara a cara ante Fernando Dubra, su ex compañero. El brasileño falló, pero
Torres capturó el rebote y marcó el 1 a 0. En la Promoción, el equipo superó a
Tristán Suárez y logró la permanencia.
“Tengo el mejor de los recuerdos
de él. Era un morocho sano, muy inocente. Una vez estábamos concentrados en el
Hotel Zavaleta para jugar la promoción con Tristán Suárez. Estaba con el Gringo
(Julio) Valli que me dice que Hugo estaba retrasado. Un ratito después lo vi
entrar. Venía corriendo, con el buzo lleno de alfajores escondidos. Era como un
nene”, recordó Miguel Oyeras, entrenador de aquel equipo.
“Era un como un chico grande. Futbolísticamente
tenía potencia. Era pura potencia. Yo siempre le decía que era el único
brasileño que no sabía pegarle a la pelota. Tenía un buen físico, pero no lo
sabía aprovechar del todo. Cabeceaba bien, pero no definía bien. Me rendía en las
prácticas. Le tenía confianza. Además, él hacía todo el desgaste para el
Picante (César Pereyra)”, precisó.
Su rendimiento no conformó a la
directiva y Alves emigró al Sporting Cristal de Perú, dirigido por Edgardo
Bauza. En la fecha 5, en el clásico ante Alianza Lima, ingresó en el complemento.
El equipo perdía 3 a 2 y lo dio vuelta en los últimos minutos, para un
infartante 4-3. El brasileño no convirtió, pero armó la jugada del tanto
decisivo, por lo que el Patón le dio la titularidad en las fechas posteriores.
No lo supo aprovechar. Su único gol en esa institución lo convirtió el 24 de
diciembre de 2004, ante Universidad San Martín de Porres.
Volvió a la Argentina para
disputar el Clausura 2005 de la Primera “B” Metropolitana, defendiendo los
colores de Talleres de Remedios de Escalada. Marcó 4 tantos en 14 partidos. El
Porvenir le abrió las puertas otra vez para la temporada 2005/06 de la “B”
Nacional. Sólo disputó un par de encuentros, no convirtió y el elenco de Gerli
descendió a la “B” Metropolitana. Lo contrató San Telmo. Sus 11 goles sirvieron
para que el equipo esquivara el descenso a la “C”. Recaló en Defensores de
Belgrano para la 2007/08. “El Dragón” terminó en mitad de tabla y Alves sumó
otros 8 goles en su trayectoria. En junio de ese año Almirante Brown lo
incorporó. En la tercera fecha de la “B” Metro marcó frente a Comunicaciones.
Días después debió ser operado de una apendicitis. Volvió a convertirle a
Colegiales y Atlanta. Pero se le cerró el arco: fueron sus únicas tres
conquistas en Isidro Casanova, en 24 partidos. Su último encuentro fue el 16 de
mayo de 2009, en la caída 1-0 frente a Talleres de Remedios de Escalada.
Con 26 años, sus números en el
ascenso eran, hasta ese momento, más que aceptables. Sus
44 goles en 181 partidos le podrían haber permitido seguir jugando unos años
más en la “B” Metro. En julio de 2009 Cristian Domizi pidió su contratación
para Sportivo Belgrano de San Francisco, que había logrado el ascenso al
Argentino “A”. Lo conocía de su paso por Unión. Cuando Alves se calzó la del
Tate, el “Pájaro” trabajaba en las inferiores del club. Finalmente, no llegaron
a un acuerdo. Y el brasileño ya no volvió a jugar al fútbol de manera
profesional.
Su caída
En las primeras horas del 18 de
febrero de 2010 policías de civil detuvieron a Paulo Roberto Olivera Farías
Junior con dos piedras de crack (un derivado de la cocaína) en un barrio de
Belo Horizonte. Cuando le preguntaron dónde las había comprado, señaló un
restaurante que actuaba como fachada de un kiosco de drogas. Los uniformados
ingresaron al lugar y detuvieron a Hugo Alves, su novia, María Moura Fortunato,
y una amiga de ambos, Ana Lucía Borges Fortunado.
En declaraciones al diario O
Tempo, el oficial Thiago Salgado sostuvo que las dos mujeres eran conocidas en
el ambiente del narcotráfico. “Ana estaba casada con el hermano de María, un
traficante de drogas conocido como Silvinho que murió el año pasado. Después de
eso, parece que han tomado el comercio", afirmó. Alves se resistió al
asalto y golpeó a un policía cuando intentaron reducirlo. “Nos dijo que jugó en
la Argentina y que sufrió una lesión en la rodilla. Como estaba lejos, decidió
regresar. Y empezó a salir con María",
agregó el policía.
En el allanamiento a la casa
secuestraron dinero en el microondas, en el techo del baño, una “piedra grande”
de crack, otras 45 piedras ya fraccionadas, material para embalar la droga y
varios teléfonos celulares. En el juicio, Paulo Roberto, quien había comprado
la droga esa noche, sostuvo que “ya había comprado drogas a los acusados muchas
veces” y que tanto “Hugo como María son los que venden y cobran el dinero”.
“Ese día, además de mí, otras personas también compraron drogas”, agregó. Alves
y su novia intentaron defenderse. Negaron vender droga y trataron de desmentir
a su cliente. María Fortunato dijo que el dinero que la policía había
confiscado lo había cobrado del Instituto Nacional de Seguridad Social, “por un
accidente de trabajo”.
“No tengo dudas acerca de los
hechos y tampoco sobre el desenvolvimiento de los dos acusados con el comercio
ilegal de drogas”, sostuvo en su fallo el juez, que condenó al ex atacante
rojiblanco y su pareja a 9 años y 4 meses de prisión. En 2014, la defensa de
ambos apeló la sentencia, pero el Tribunal de Apelación en lo Criminal de
Brasil la confirmó.
* Publicado en la 2da edición de "Tiempo recuperado: historias del fútbol de Santa Fe" (2016).

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