Uno nunca tiene
real idea cuánto tiempo dura el infierno. No sé si fueron diez, quince, veinte
minutos o media hora. Pero lo que pasó esa noche en la cancha de Unión no le me
voy a olvidar por el resto de los días. Porque cuando llegó el final, todo el estadio
fue un volcán que explotó y quemó a todos. Me tocó comentar ese partido para El
Litoral y para LT 9. Estábamos en la cabina de "La Líder" con Ricardo
Porta y recuerdo que el operador era Daniel Zerbonia. Los violentos ganaron la
zona de la Techada con una facilidad asombrosa: cuando abren la cabina de LT 9,
en la primera línea estaban relator (Porta) y locutor comercial (en ese tiempo,
la “carpeta” se vendía desde la misma cancha y creo que la voz fue de Osvaldo
Villarejo), del lado del vidrio que da al campo de juego, alcanzo a gritarle a
Ricardo que se tire para atrás y es por eso que la trompada cobarde no lo
impacta de lleno en su rostro.
En la cabina de
al lado, donde estaban el “Loco” Saavedra y el “Flaco” Bergesio la pasaron
peor, porque con una barra de hierro rompieron el vidrio. Como si lanzaran la
jabalina. Al que hubiera agarrado esa arma improvisada, no la contaba. Nunca vi
nada igual en 26 años de profesión en una cancha de fútbol. Ese día, si los
barras no mataron a alguien fue porque no les interesó, se les olvidó o Dios se
vistió de periodista. De esa jornada recuerdo una lluvia tremenda en la noche
del sábado en Santa Fe. A la madrugada, jugaba Argentina el repechaje con
Australia en Sidney. El plan original era dormir un rato entre el final de
Unión-Colón y el arranque de la Selección. No hace falta decir que no pude
pegar un ojo.
(Darío Pignatta. Periodista. Trabaja en el diario El
Litoral y en La Red Santa Fe)
El 30 de octubre
de 1993, por la fecha 12 del torneo del Nacional “B”, Unión y Colón se
enfrentaron en el 15 de Abril. El local estaba realizando una buena campaña.
Sólo había perdido en la primera fecha, por lo que llevaba diez partidos
invicto, con cuatro triunfos y seis empates. El Sabalero intentaba acercarse
desde atrás. Hasta ese momento del certamen había cosechado cuatro victorias,
tres empates y cuatro caídas. Un minuto antes del entretiempo, Osvaldo Ingrao
remató desde muy lejos. La pelota se desvió en Claudio Mainardi y descolocó a
Jorge Vivaldo: 1 a 0 para Unión. Camino a los vestuarios hubo una pelea entre
los dos planteles. El árbitro, Juan Carlos Loustau, expulsó uno de cada lado:
Víctor Hugo Andrada y Vivaldo.
A nueve minutos
del final, Adrián Marini tomó la pelota en tres cuartos de cancha y avanzó
hacia el arco rival. Rubén Garate lo bajó cuando pisó el área. Penal y empate, tras una buena ejecución de Alfredo
Juárez. En el cuarto minuto de descuento, Luis Guzmán ejecutó un córner desde
la izquierda. Nadie la tocó en el primer palo y la pelota cayó en el área chica,
donde Marini sólo tuvo que empujarla para dar vuelta el marcador. Tras el
pitazo final de Loustau, un grupo de la barrabrava de Unión pasó desde la
tribuna hacia la zona de plateas y cabinas de prensa, donde se vivieron algunas
de las escenas más violentas de la historia del clásico santafesino.
Agresiones, destrozos y robos
Los diarios de
la época y los partes policiales permiten reconstruir aquellos hechos, en un
momento en el que “La Barra de la Bomba” se manejaba con absoluta libertad
dentro de Unión. Un par de meses atrás, algunos de sus referentes habían sido detenidos por agredir al plantel,
antes de enfrentar a Banfield. Las crónicas periodísticas cuestionaron con
dureza el operativo de seguridad. La barrabrava rojiblanca había logrado
ingresar una bandera “de no menos de 20 metros de largo con los colores de
Colón, la que fue quemada antes de comenzar el encuentro”, según publicó El
Litoral. El vespertino también precisa que, tras el gol de Marini, ningún
policía impidió que “un grupo de personas se trasladara desde La Barra de las
Bombas al sector de plateas, desde donde iniciaron los disturbios”.
Un barra abrió
la puerta de la cabina de LT9 Radio Estanislao Brigadier López y le pegó una
trompada al relator Ricardo Porta. Otros destrozaron los equipos técnicos de
Cablevideo Santa Fe y Canal 9 Libertad, que transmitió en vivo el clásico para
todo el país. También agredieron a un camarógrafo y le abrieron la cabeza de un
piedrazo al fotógrafo Eduardo Soloa, de El Litoral. “Nos rompieron una cámara, nos
tiraron un trípode al agua y nos cascotearon el camión desde donde hicimos la
transmisión”, precisó un trabajador de Cablevideo en una entrevista. La
advertencia a los periodistas de televisión fue clara: “Los vamos a matar si
pasan algo de los líos”.
![]() |
| Eduardo Soloa, fotógrafo de El Litoral. |
La escena más
violenta tuvo como destinatarios a los periodistas de LT10 Radio Universidad
Nacional del Litoral. Un individuo tomó un enorme fierro y lo arrojó, como una
lanza: rompió el vidrio, atravesó la cabina y pegó contra la puerta. Walter
Saavedra, el relator, y Oscar Bergesio, el comentarista, vieron cómo el “arma”
pasaba entre ellos. Bergesio sufrió una herida cortante, producto del estallido
del vidrio. Mientras se agredía a los periodistas, otros arrancaban plateas de
la techada y las arrojaban al campo de juego. Las cámaras tomaron esos hechos,
donde puede verse a varios de los agresores con la cara tapada, pero otros
actuando al descubierto.
El saldo del
clásico fueron 30 heridos que debieron ser atendidos en el Hospital Cullen,
otros 15 en el Iturraspe y un nene de 9 años que recibió atención médica en el
Hospital de Niños por los gases lacrimógenos. Además, “el SAME debió atender a
cuatro policías heridos”, consigna El Litoral.
Apenas unas
horas después, tres personas ingresaron al club durante la madrugada y
saquearon dos cajas fuertes, llevándose una suma cercana a los 27.000 pesos
que, en tiempos de la convertibilidad menemista, equivalían a 27.000 dólares.
Según explicó la policía, “tres o más desconocidos se presentaron y redujeron
al sereno con armas de fuego”. Después, durante tres horas, “con sierras de
mano cortaron los goznes de las bisagras e hicieron otras perforaciones en las
cajas de seguridad”. Tres jueces tomaron intervención en los hechos. En primer
lugar, Héctor Enrique Valli, por infracción a la Ley del Deporte, quien dispuso
22 detenciones en las horas siguientes, aunque ninguno de ellos pertenecía al
sector que lideraba la barrabrava. Los otros dos fueron César Rondina, por el
robo al club, y Carlos Taboada, por los agresiones a los periodistas.
Los vecinos del
estadio denunciaron ante los medios que los barras habían estado arrojando
bombas de estruendo todas las noches, desde el miércoles previo al clásico del
día sábado. Con temor, declaraban ante los medios locales que “la barrabrava se
la pasó tirando bombas y tomando cerveza y vino todas las noches, no pudimos
dormir desde el miércoles, una locura que sólo podemos contar los que vivimos
en la zona”. Otro apuntó que “están todos los días en el club y andan por el
barrio, amenazando al que se le cruza y a los negocios”.
Exactamente un
año atrás, la prensa había vivido una situación similar en el estadio
rojiblanco. Unión le ganaba 1 a 0 a Ituzaingó con gol de Hernán Bernasconi,
pero Juan José Oficialdegui y Jorge Ramírez lo dieron vuelta para la visita.
Ese día, la barra robó y destrozó equipos de transmisión de las radios que
estaban emitiendo el partido. Lo ocurrido en el clásico fue la gota que rebalsó
el vaso y llevaría a una ruptura institucional entre Unión y la prensa
santafesina.
La CD de Unión, “personas no gratas”
En los días
posteriores Unión emitió un comunicado de prensa manifestando “solidaridad con
cada uno de los periodistas que fueron cobardemente agredidos mientras cumplían
funciones en la cobertura del partido”, con la firma del presidente, Néstor
Julio Rodríguez, y del Secretario General, José María Gerosa. Desde Colón, José
Vignatti hizo lo mismo y expresó, también a través de un comunicado, “solidaridad
con periodistas, camarógrafos y fotógrafos, repudiando la actitud de grupos de
inadaptados que con tales desmanes comprometen a la conducción de su
divisa".
Tras una seria
de reuniones con periodistas de distintos medios, la Asociación de Prensa de
Santa Fe decidió “no cubrir periodísticamente los partidos de fútbol en los que
Unión juegue de local por no contar con las garantías necesarias”. Además,
declaró “personas no gratas” a los integrantes de la Comisión Directiva de
Unión “por incumplimiento de las promesas efectuadas”. Cuando la determinación
se hizo pública, varios periodistas recibieron amenazas telefónicas.
Unión respondió
a través de una solicitada en El Litoral: “Entendemos que la aludida decisión
nos causa un daño moral del que ya dejamos pública constancia, y expresa
agudamente una falta de imparcialidad por parte de algunos periodistas
deportivos que no es novedosa y que ha afectado y afecta a nuestra
institución”. Además, agregaba que “los lamentables hechos ocurridos en nuestro
estadio se debieron a defectos en la vigilancia del partido disputado en esa
fecha y no a comportamiento u omisión de nuestra parte, ya que contratamos
oportunamente más de tres veces el número que la policía consideró necesaria y
suficiente, lo que contesta la nefasta y no probada acusación de falta de
interés que hace la Asociación”.
Los medios
santafesinos dejaron de cubrir los partidos de local, pero no los de visitante.
Los futbolistas rojiblancos no hablaban con ellos tras los encuentros “por
orden de la CD”. En la cancha se escuchaba un nuevo cántico: “Aunque la prensa
no quiera, la vuelta vamos a dar, y a todos los periodistas se lo vamo’ a
dedicar”. La dirigencia Tatengue acentuó el enfrentamiento al dejar sin efecto
todas las credenciales. Hubo reuniones fallidas previas a los encuentros ante
Almirante Brown y Arsenal, pero no se llegó a un acuerdo, ya que Unión exigía
que la APSF retire la declaración de “personas no gratas” a los dirigentes.
Esto último
ocurrió recién el 15 de diciembre de 1993, tal como lo refleja Cintia Mignone
en su libro “Del apostolado al sindicalismo: una historia de los gremios de
prensa de Santa Fe”. Ese día, con la
firma de Rubén Godoy y Osvaldo Medina por la Asociación de Prensa de Santa Fe,
y de Néstor Rodríguez y Marcelo Casabianca por el lado de Unión, se firmó un
acta acuerdo entre las partes en la que el sindicato dejaba sin efecto la
declaración de personas no gratas a la dirigencia, “como demostración de su
vocación por la libre expresión y el derecho a la información”.
Un antecedente, 70 años atrás
En 1922 los
medios dejaron de cubrir los partidos locales, aunque por otros motivos. Ese
año, una serie de desacuerdos entre los clubes que animaban los torneos
liguistas en Santa Fe derivaron en una ruptura que mantuvo a la ciudad dividida
en dos: en la Liga Santafesina de Football quedaron Colón, Gimnasia y Esgrima
de Ciudadela, Brown, Nacional, 9 de Julio, Instituto Tráfico Central Norte
Argentino y Neri. Por su parte, Unión, Saravia, Ferrocarril Santa Fe, Los
Andes, Sportivo Sol de Mayo, Zanni y Sportivo Roma, entre otros, fundaron la
Liga Amateur Santafesina.
Los cuatro
diarios locales, Santa Fe, Nueva Época, El Litoral y El Imparcial, desde sus
columnas, criticaban duramente esa actitud. “Los dirigentes de los clubes son
los grandes responsables de la decadencia del fútbol santafesino”, advertían
desde sus páginas. A comienzos de 1925, el fundador de El Litoral, Salvador
Caputto, se ofreció como mediador entre las Ligas, para lograr la fusión. Pero
las diferencias entre los clubes seguían siendo profundas, particularmente en
cuanto a mantener el espíritu amateur o dar paso a la profesionalización del
deporte. De hecho, un dirigente de Ferrocarril Santa Fe opinaba
que “es prestarse a un vergonzoso comercio pagar la actividad del footballer
hasta el extremo de que éste no tenga que pensar en un trabajo honrado”.
El 18 de abril,
en la reunión del Consejo Directivo de la Liga Santafesina de Football
comenzaría a tratarse la posibilidad de la fusión con la Liga Amateur. Los
cronistas deportivos fueron a cubrir la noticia, pero un delegado del club
Independiente los recibió con insultos. Según El Diario, de Paraná, que se hizo
eco de las agresiones, “el delegado se expresó en términos de grueso calibre y
los graves insultos de este miembro hallaron buena acogida en el Secretario de
la Liga”.
Desde la
Asociación de la Prensa se solicitó un pedido de disculpas y la expulsión del
delegado de Independiente, pero la Liga no tomó ninguna medida. La bronca fue
creciendo y según publicó la periodista Cintia Mignone en su blog, Historias
Colaterales, el 12 de mayo Salvador Espinosa, Antonio Juliá Tolrá, Pedro
Víttori y Carlos Doce, representantes respectivamente de los diarios Santa Fe,
Nueva Época, El Litoral y El Imparcial, se reunieron y emitieron una
declaración en la que señalaban “que las entidades deportivas están obligadas a
dar pruebas de cultura en sus relaciones generales”. También “que se hace
necesario garantizar en el desempeño de su misión al periodista, sea grande o
pequeña su jerarquía, que la prensa da siempre mucho más de lo que recibe y que
buena prueba de ello es el incremento del Foot Ball local, al cual han
contribuido, con absoluto desinterés, los diarios locales”.
Además, los
diarios se comprometieron “a negar en sus columnas toda clase de informaciones
o propagandas que se refieran a las actividades deportivas de la Liga
Santafesina de Football”. El comunicado de los dueños de los medios de prensa
se publicó también en los días posteriores, como para dejar en claro que el
conflicto estaba en pie y no habría marcha atrás sin un gesto de los dirigentes
liguistas.
“Deseamos
terminar de una vez por todas con esta situación molesta. Declaramos que no ha
habido agravios para con los diarios. Los diarios citados le merecen el mejor
concepto y que nada tiene que hacer con las opiniones personales de los
delegados”, comunicó la Liga el 15 de mayo. Los empresarios periodísticos
rechazaron las explicaciones por “insuficientes” y dejaron en claro que querían
“una retractación pública, con constancia en las actas”. La Liga no soportó el
vacío mediático y tan solo 24 horas después expresó lo siguiente: “Las
declaraciones del delegado que motivó esta incidencia fueron retiradas por el
mismo delegado, no existiendo constancia de ellas en el acta. La Liga reitera
sus declaraciones anteriores, en las que daba cumplida satisfacción a los
diarios que fueran agraviados por dicho delegado”. “Con esta misiva se ha
solucionado el conflicto”, respondieron los medios, que levantaron el cerco
informativo sobre la Liga.


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