Su atajada más famosa, aquel penal contra Pelé, en realidad fue gol, el gol mil de O Rei. Aquella vez, al Gato Andrada le faltaron un par de dedos para alcanzar la pelota y evitar su viaje a la red. Los mismos que le sobraron años más tarde desde su oficio de "servicio" a favor de la Junta Militar, para marcar a gente inocente y señalarle destino de tumba. No deja de ser curioso haber sido un buen arquero y quedar tristemente en la historia por culpa de tus propios dedos.
Rodolfo Chisleanchi (Periodista. Trabaja en La Nación, Los Hijos del Tiempo (AM 750) y El País (España).
El 4 de marzo de 1982, por la
Zona “D” del Nacional, Renato Cesarini dio la sorpresa: goleó 5 a 1 a Racing,
con tantos de Omar Da Fonseca (3), Omar Celeste y Osvaldo Coullery. El único gol
de la Academia lo marcó un ex Unión, Víctor Bottaniz, de penal. El partido se
disputó en cancha de Rosario Central y, tras esa cuarta fecha, el equipo
rosarino, dirigido por Jorge Solari, era puntero de su grupo junto a Racing de
Córdoba. Una semana después debían jugarse los interzonales. En el 15 de Abril,
Renato Cesarini cayó 3 a 0 con goles de Pablo de las Mercedes Cárdenas, José
Luis Lanao y Carlos Mendoza. En esos dos partidos, como en todo el campeonato,
Edgardo Norberto Andrada fue el arquero titular. De acuerdo a la documentación
de la época, puede suponerse que ni el gran triunfo ante Racing ni la caída
ante Unión afectaron demasiado el humor del “Gato”. Le preocupaban otras cosas.
En esa semana, más precisamente el 1° de marzo, había jurado “lealtad y
fidelidad a la patria y guardar el secreto más absoluto en el desempeño de sus
funciones” para cumplir con su rol de espía de la dictadura militar, para el
cual, según su propio legajo, “trabaja con dedicación exclusiva”.
Arquero y espía, al mismo tiempo
Aquel regreso a Santa Fe no pasó
desapercibido para la prensa local. Andrada había tenido dos años excelentes en
Colón, entre 1977 y 1979, en los que había defendido 122 veces el arco
sabalero, atajando cinco penales. Tras el triunfo ante Altos Hornos Zapla de
Jujuy, por la última fecha de la Zona “D” del Nacional de 1979, decidió dejar
el fútbol. Atrás habían quedado sus años de gloria en Rosario Central, la
selección nacional, Vasco Da Gama y el Vitoria. Su imagen había dado vuelta el
mundo, tras recibir el supuesto “gol número 1000” de Pelé. En la retina de los
hinchas de Central y Colón quedó grabado como uno de los mejores arqueros de la
historia.
En 1982, con 43 años, decidió calzarse
otra vez los guantes para atajar en Renato Cesarini. Fue así como volvió a
pisar Santa Fe. En una entrevista con El Litoral, explicó que su decisión fue
“para colaborar con unos amigos, como el Indio (Jorge) Solari, (Luis) Artime y
(Ermindo) Onega”, tres de los fundadores del club. Contó que se alejó del
profesionalismo porque lo cansaron “las concentraciones, los dirigentes, el
exitismo”.
Su pasado como jugador, su
condición de figura reconocida, fueron clave para su designación como Personal
Civil de Inteligencia, es decir, espía de la dictadura. Así puede leerse en su
legajo, donde se precisa que “su figura de ex arquero de Rosario Central
concita adhesiones y confianza especialmente en los barrios de trabajadores lo
cual facilita su penetración al objetivo impuesto”. El documento destaca además
que “si bien su edad supera el límite establecido, su potencialidad de
penetración y capacidades personales, hacen sumamente beneficiosa su
integración a esta unidad”, haciendo referencia al Destacamento de Inteligencia
121.
Su puerta de ingreso al mundo de
los servicios de inteligencia del Terrorismo de Estado la abrió Jorge Roberto
Diab, quien fue Jefe de la 1ra Sección y luego segundo jefe del Destacamento de
Inteligencia 122, responsable de 46 homicidios, asociación ilícita y cuatro
secuestros. Fue condenado por la justicia, se le otorgó el beneficio de la
prisión domiciliaria y murió mientras se llevaba adelante el juicio por la
supresión de identidad de Paula Cortassa. En el legajo de Andrada consta que
Diab fue quien lo presentó, ya que “lo conoce desde 1975 por tener amistad”.
Su fecha de alta como agente es de
noviembre de 1981, aunque en su paso por Santa Fe ya se había jactado de su
cercanía con las fuerzas represivas. “En el ambiente del fútbol siempre se
comentó que él era servicio. Lo que te puedo asegurar es que andaba armado,
porque una vez vinieron unos hinchas al vestuario, se pusieron pesados, y él
del bolso sacó una pistola, como si nada”, contó un ex compañero del “Gato” en
Colón. Un periodista agregó que “chapeaba” con su poder: “Yo te voy a borrar”,
le lanzó a un hombre cercano a la vida del Sabalero con quien tuvo una
discusión, mientras lo intimidaba con un arma de fuego.
Sus dedos, que parecían alargarse
para llegar a lugares imposibles bajo los tres palos, comenzaron a
perfeccionarse para otro tipo de tareas. El manejo de explosivos, por ejemplo,
en el que fue calificado con un 9,55. O cómo señalar militantes para que luego
sean blancos de los grupos de tarea, como puede desprenderse de su 7,62 en
Inteligencia y Contrainteligencia. También rindió Subversión y Contrasubversión
(5), Técnicas de Apoyo (9,25), Acción Psicológica (9), Normas Legales (10) y
Legislación del PCI (9,5). Fue el número 17 entre 40, en el orden de mérito.
Para su tarea, adoptó el nombre
de Eduardo Néstor Antelo. Se encargaba de “comisiones y o trabajos especiales”.
De su categoría, C3, se desprende que cumplía “tareas operativas subrepticias
de inteligencia y contrainteligencia”. Era un agente de calle, aquel que debía
infiltrarse en organizaciones sociales y políticas para recabar información.
Sus superiores destacaban su “predisposición natural y/o adquirida para fuente
de investigaciones y/o agente reunión ámbito político”. También se refieren a
él como “dotado de entusiasmo para el desempeño de sus funciones específicas”,
“con posibilidades para sobresalir” y que “puede llegar a ser un excelente
PCI”. Para 1983, el año del secuestro de los militantes peronistas Eduardo
Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiaso, elogiaban su “variada red de informantes, su
espíritu de colaboración y su contracción al trabajo”.
¿Quiénes se referían a él de esa
manera? En las diferentes evaluaciones vertieron sus conceptos Pascual Oscar
Guerrieri, Luis Américo Muñoz y Víctor Hugo Rodríguez. Guerrieri fue Jefe de la
Central de Operaciones del Batallón 601 y Jefe del Destacamento de Inteligencia
121, de Rosario. Fue condenado a 20 años de prisión en 2007 en la causa
conocida como “Batallón 601”, por los delitos de privación ilegítima de la
libertad, apremios ilegales y reducción a la servidumbre, y a perpetua en 2016,
por los asesinatos de Cambiaso y Pereyra Rossi. Muñoz también fue condenado a perpetua
en esa causa, mientras que Rodríguez fue beneficiado, en el mismo juicio, por
el festival de faltas de méritos que dictó el juez federal, Carlos Villafuerte
Ruzo, entre las que se destacan, también, la de Andrada.
Así zafó el “Gato”
Tras la entrevista en Rosario 12
en la que Eduardo Costanzo, represor condenado por crímenes de lesa humanidad,
afirmó que Andrada participó del secuestro de Cambiaso y Pereyra Rossi, el
“Gato” intentó defenderse. Luego, tras la desclasificación de los documentos
del Batallón 601, se confirmó su participación como espía del terrorismo de
Estado. Una agrupación de derechos humanos lo escrachó en su casa. Su mujer
salió a enfrentarlos y les dijo que su marido era un
“asesino de asesinos”. Lo echaron de Rosario Central, donde trabajaba en
inferiores.
En el marco de la causa, el 3 de
noviembre de 2011 Gendarmería allanó su casa. Encontraron dos pistolas calibre
9 y 11,25 milímetros, tres fusiles winchester y una carabina USA. Andrada tenía
la documentación en regla, pero la Cámara Federal de Rosario sostuvo que se
trataba de “un peligro para testigos y víctimas”. La fiscalía consideró que el
ex arquero poseía “un verdadero arsenal”, mientras que en el expediente puede
leerse que “son legalmente consideradas de guerra, por lo que cabe descartar
que puedan ser consideradas como de caza o de uso deportivo”.
Andrada se presentó a
indagatoria, pero se negó a declarar. Luego, presentó un escrito. El juez
Villafuerte Ruzo, con elementos similares al de otros imputados a los que
procesó, le dictó la falta de mérito. Basó su decisión en que “Andrada era una
persona sumamente renombrada y popular en todos los ámbitos de la ciudad de
Rosario e incluso en el ambiente futbolístico de todo el país, resulta
llamativo que ningún testigo lo haya reconocido”. Las hermanas de Cambiaso,
Gladys y Ethel, están convencidas, por la información que lograron recabar, que
Andrada fue uno de los que golpeó a su hermano la mañana del secuestro. La
resolución de Villafuerte Ruzo fue apelada por el fiscal Adolfo Villate, pero
fue confirmada por la Cámara Federal de Apelaciones.
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