Amadeo Ramón
Antonio Gándola pasó a jugar como zaguero a Unión de Santa Fe en 1956; o, lo
que no es lo mismo pero puede caberle, durante los comienzos de la
autodenominada Revolución Libertadora, que a fusilados y bombazos derrocó al
gobierno de Juan Domingo Perón. Como conocemos a Gándola a partir de este
relato, podemos volver a afirmar que el fútbol -el deporte, en general- nos
permite hablar del mundo, de la vida, de la política, de la sociedad, como
máquina para la creación narrativa que es. Intuimos que Gándola “dejó de marcar
rivales en la cancha para marcarlos en un ámbito mucho más tenebroso”, ya que
él sabía lo que pasaba -y lo que hacía, sobre todo- en la última dictadura
cívico militar en la Argentina. Gándola, entonces, es otro ejemplo de la complicidad
civil con el terrorismo de Estado. Una pieza del gran engranaje, que
comprendemos aún más cómo se movió con la lectura de este artículo.
Roberto
Parrotino (Periodista de Tiempo Argentino y docente de Deportea).
En 1955 Unión
cumplió una gran campaña en el torneo de Primera B. No pudo lograr el tan
ansiado ascenso, que fue para el campeón, Argentinos. Sólo obtenía un lugar en
Primera División el ganador del certamen y al equipo Rojiblanco no le alcanzó
el subcampeonato. En los 34 partidos que disputó logró 19 triunfos, ocho
empates y sufrió siete derrotas. Terminó cinco puntos debajo de los de La
Paternal. En ese certamen se produjo, además, el regreso de uno de los máximos
ídolos del club: Julio Enrique Ávila, que volvía de su obligado exilio en el
fútbol colombiano. El atacante había recibido una sanción de cinco años en
1949, tras aquel escandaloso partido ante Quilmes. Triunfó en Once Caldas y
Millonarios, donde jugó junto a Alfredo Di Stéfano.
Los dos zagueros
de aquel equipo jugaron los 34 partidos de la temporada. Con asistencia
perfecta, el funcionamiento que mostraron Norberto Di Santo y José
Prestifilippo, con Néstor Nanzer custodiando el arco, se trasladó a las
estadísticas: el Tate tuvo la valla menos vencida del torneo junto con, precisamente,
Argentinos. Tras la finalización del certamen en Unión sólo quedó Nanzer: Di
Santo se fue a Atlanta (donde logró el ascenso) y Prestifilippo cruzó de vereda
y pasó a las filas de Colón. Fue momento, entonces, de buscar un zaguero.
El domingo 4 de
marzo de 1956 Unión debía enfrentar a River en un amistoso, de cara al inicio
del torneo de Primera “B” (hoy “B” Nacional). Dos días antes, los Millonarios
se midieron ante un seleccionado de Paraná, en la capital entrerriana. Un
dirigente vio ahí a Amadeo Ramón Antonio Gándola, que en la temporada anterior
había jugado para Atlanta. Días después iniciaron negociaciones por él. El 13
de marzo cruzaron en balsa hacia la vecina ciudad (aún no se había inaugurado
el Túnel Subfluvial) para negociar su pase con los directivos de Atlético
Paraná. El 21 de marzo se presentó en un amistoso ante Rosario Central. Jugó
dos temporadas en el club y luego emigró a Mendoza, donde se desempeñó en Godoy
Cruz e integró uno de los mejores equipos de la historia de Independiente
Rivadavia.
Hasta allí, su
reseña deportiva. Pero tiempo después Gándola tuvo otro tipo de funciones. Dejó
de marcar rivales en la cancha para marcarlos en un ámbito mucho más tenebroso.
Durante la última dictadura militar fue uno de los PCI (Personal Civil de
Inteligencia) que reportó a la Fuerza Aérea. Los documentos oficiales confirman
que cumplió esa función entre el 1° de enero de 1976 y el 31 de diciembre de
1983. El rol de Gándola había pasado desapercibido pese a ser uno de los
futbolistas paranaenses más destacados de su época. Hasta que el periodista
Edgardo Imas, historiador de Atlanta, encontró su nombre en la lista de los
espías de los militares, que fueron desclasificadas en 2010.
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| El nombre de Gándola, en la lista de PCI de la Fuerza Aérea. |
“Yo dejé de
verlo después de jugar juntos en Unión. No supe nunca más nada de él, por lo
que no tengo conocimiento de esto. Es más, me enteré hace tiempo que se había
suicidado, pero no supe los motivos ni nada”, contó Nanzer, el segundo arquero
con más presencias de la historia de Unión, con 164 partidos. Sólo lo supera
Nery Alberto Pumpido, con 174.
La situación de
Gándola recuerda a la de otros ex futbolistas que también fueron agentes de
inteligencia durante la represión ilegal. Uno de ellos también actuó en Santa
Fe: Edgardo Andrada, el "Gato", que mientras atajaba en Colón era un
"agente reunión" del Batallón 601. Según Eduardo Costanzo, condenado
a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, el arquero formó parte de la
patota que secuestró a Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi, en 1983.
Otro es Juan de
la Cruz Kairuz, que como futbolista jugó en Atlanta, Newell's y San Martín de
Tucumán, y que durante la dictadura, mientras dirigía a Atlético Ledesma,
integraba el grupo de tareas que secuestraba y desaparecía a militantes
políticos. En una entrevista con El Gráfico, en 2001, reconoció que mientras
estaba en Jujuy "el Jefe de Policía me ofreció el puesto, se puede decir
que fui lo que se dice hoy un favorecido, un ñoqui". En esa misma nota
admitió que vivía dentro del Ingenio Ledesma, acusado en múltiples causas de
complicidad con la dictadura. Kairuz fue uno de los que ingresó a la casa de
Luis Aredes, el día de su secuestro.
A diferencia de
Andrada y Kairuz, el nombre de Gándola no aparece, hasta el momento, en ninguna
causa de lesa humanidad en la ciudad de Paraná. De todas maneras ya no puede
responder sobre la función que cumplió para la inteligencia de la Fuerza Aérea:
se suicidó el 15 de agosto de 2006, a los 78 años de edad, arrojándose desde el
sexto piso del edificio en el que vivía.
Es importante
destacar cuál fue la importancia de la inteligencia durante los años de plomo:
la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al confirmar las condenas del Juicio
a las Juntas, sostuvo que “en fecha 24 de marzo de 1976, algunos de los
procesados en su calidad de comandantes en Jefe de sus respectivas fuerzas
ordenaron una manera de luchar contra la subversión terrorista”, que en primer
lugar consistía en “capturar a los sospechosos de tener vínculos con la
subversión, de acuerdo con los informes de inteligencia”.
Su paso por
Santa Fe
Gándola se sumó
a Unión en 1956. En esa temporada el equipo cumplió una temporada regular y
terminó octavo entre 18 equipos, con 13 victorias, 9 empates y 12 derrotas. En
1957 el equipo levantó el nivel
y realizó una gran campaña, pero no le alcanzó para el único ascenso que estaba
en juego: terminó tercero, a 7 puntos de Central Córdoba, el campeón, y a 4 de
Platense, el subcampeón. En ese torneo sumó 17 triunfos, 8 empates y 9 caídas.
Disputó además
cuatro clásicos, con dos derrotas (ambas en 1956) y dos victorias (las dos en
1957). En el primero de ellos fue testigo de una de las situaciones más
insólitas del fútbol local: la tarde en la que Pedro Gaetán, arquero de Unión,
festejó el triunfo de Colón.
En esas dos
temporadas compartió plantel con jugadores muy recordados en la historia
Tatengue, como los defensores José Ayala y Miguel Ángel Mieres, el volante
Néstor Isella y los delanteros Julio Ávila, Virgilio Acosta, Carlos Castillo y
Luis Ciacia, entre otros.


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